Fátima, victima de todas las violencias

Revista Proceso|February 23, 2020

Fátima, victima de todas las violencias
En torno al asesinato de la niña Fátima abundaron las pifias. De alguna manera, todos le fallaron: sus familiares, las autoridades de su escuela, los agentes del sistema de justicia, los funcionarios gubernamentales...Todos fueron omisos o cometieron errores que pudieron evitar la tragedia.
SARA PANTOJA

“Para Fátima, con cariño. No te preocupes porque el que te hizo daño lo pagara tarde o temprano se te ara gusticia” (sic), dice una carta que, junto con un dulce, dejó una compañera de clase en un altar improvisado afuera de la escuela Enrique C. Rébsamen a la niña de siete años que fue secuestrada, sometida a abuso sexual y asesinada en la alcaldía Xochimilco.

Sobre la mesa pegada al portón de la escuela donde ella cursaba el primer grado, hay más cartas, dulces, pulseras, flores y globos blancos. Arriba, la foto de Fátima Cecilia Aldrighetti Antón. La misma imagen que fue difundida en el anuncio de la Alerta AMBER y que fue colocada sobre su féretro en su funeral.

Su hermana Karla Antón recuerda que soñaba ser doctora “para ayudar a los niños enfermos” o millonaria “para darles casa y que no sufrieran”. En entrevista con Proceso, la joven de 18 años describe a Fátima como “una niña muy noble”. Sus juguetes favoritos eran “un pedazo de hule espuma que le arrancó a un sillón y un brillo labial que siempre cargaba en su pantalón”.

Fátima Cecilia era la hija más pequeña de María Magdalena Antón Fernández. Cumplió siete años el 8 de enero. Con ellas sólo vivía su hermano Samuel Francisco, de 11, porque a Luis Agustín, de 13, se lo llevó su papá y Karla vive con su pareja.

Olivia González, la tendera de la esquina, dice que la mamá de Fátima vende dulces en el centro y la iglesia de Tláhuac para sostener a la familia. “Los tres se quedaban en una misma cama. Estaban en una situación económica difícil, pero no faltaba quien les ofreciera un taco”, dice. Y asegura que nunca vio maltrato o violencia contra los pequeños.

El inicio de la tragedia

El martes 11, a las 13:50 horas, Fátima llegó a su escuela en el número 5 de la calle Ignacio Zaragoza, en Tulyehualco. Parecía un día como tantos, pero en esa ocasión su mamá no llegó a recogerla a las 18:30 horas.

Diez minutos después llegó Gladis Giovana “N”, una joven a quien Fátima conocía porque era amiga de su mamá y había vivido en su casa con sus hijos. Presuntamente le pidió refugio al separarse de su esposo Mario Alberto “N”, porque éste la golpeaba.

La niña la tomó de la mano y salió con ella de la escuela. Las autoridades del plantel no verificaron si Giovana estaba autorizada para llevársela en ausencia de su madre. Tampoco respetaron el protocolo de la SEP, que marca 20 minutos de tolerancia antes de trasladar al menor a las instalaciones de la Fiscalía General de Justicia (FGJ) en la colonia Doctores.

Giovana y Fátima caminaron varias calles. Las lonas que cubrían los puestos de una feria cerca de la escuela no dejaron grabar a las videocámaras del C5. Sin embargo, cámaras de casas particulares las captaron. La niña llevaba su uniforme y la mujer un suéter con rayas rojas y blancas que más tarde la delataría.

Cuando María Magdalena no encontró a Fátima en la escuela, comenzó a buscarla. Familiares y vecinos la ayudaron, pero no llamaron a la policía. Las horas pasaron sin rastro de la niña.

El miércoles 12, familiares de la menor acudieron a la Fiscalía Desconcentrada de Tláhuac para denunciar su desaparición. En vez de abrir una carpeta de investigación y activar un protocolo de búsqueda, las autoridades les dijeron que debían esperar 72 horas.

Acudieron entonces a la Asociación Mexicana de Niños Robados y Desaparecidos, AC, donde elaboraron la ficha de identificación de Fátima y la repartieron en los alrededores. En la primera fiscalía los canalizaron a la Especializada en la Búsque da, Localización e Investigación de Personas Desaparecidas, en la colonia Del Gas, alcaldía Azcapotzalco, a dos horas y media en transporte público.

En esa instancia se abrió la carpeta correspondiente, se emitió la Alerta AMBER y se activó el protocolo de búsqueda en hospitales, aeropuertos, terminales de autobuses y en el Instituto de Ciencias Forenses (Incifo). También se notificó a varias autoridades estatales y medios electrónicos. Hacia la media noche, policías de investigación llevaron a los familiares al C5 para revisar las imágenes captadas cerca del lugar de la desaparición.

El jueves 13 por la mañana, un día y medio después de la desaparición, autoridades y familiares recorrieron la zona para ubicar otras cámaras de vigilancia. El viernes 14 retomaron los recorridos y al fin obtuvieron diferentes videos, pero la niña no aparecía.

Para el quinto día, sábado 15, policías preventivos de la capital hallaron el cuerpo de una niña, cuya edad calcularon entre siete y nueve años, desnudo, con huellas de golpes y de violencia sexual. Estaba dentro de una bolsa de plástico en un camino de terracería en la colonia Los Reyes, Tláhuac, a menos de dos kilómetros de la escuela de Fátima.

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