Festejan Prematuramente La Muerte Del Estado Islámico
Revista Proceso|March 31, 2019
Festejan Prematuramente La Muerte Del Estado Islámico

Con la caída de Baghuz, las fuerzas sirias dan por terminado el califato del Estado Islámico, decretado en 2014 por Abubakr al Bagdadi. Pero entre los kurdos (principales combatientes de la coalición internacional que lucha en Siria) prevalece la preocupación, pues se entiende que los yihadistas –muchos de los cuales siguen vivos y activos– aún tienen la capacidad de hacer daño y posiblemente también la de reconstituirse.

Témoris Grecko

En el edificio más alto de Baghuz, el sábado 23 la bandera negra del Estado Islámico (EI) fue reemplazada por la amarilla de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una coalición militar integrada en 80% por unidades kurdas. Era la culminación de un gran esfuerzo que recayó fundamentalmente sobre ese pueblo desde que logró resistir la ofensiva yihadista sobre Kobane, en el otoño de 2014. En esa guerra dentro de la guerra cayeron 11 mil de sus compañeros.

“Estamos muy felices hoy. Elevamos los nombres de nuestros mártires, no desperdiciamos su sacrificio”, dijo a la prensa Smako Shekaki, uno de sus comandantes. “Eliminamos el autodenominado califato; su derrota territorial es de 100%”, tuiteó el vocero de las FDS, Mustafa Bali. Parecía decirle “ahora sí” a un presidente Donald Trump que, según un recuento del Washington Post, había hecho este mismo anuncio, con variantes, al menos 14 veces en el último trimestre.

Según El Corán, la forma de gobierno legítima para la humanidad es el califato. No puede haber más que uno solo al mismo tiempo. No lo ha habido desde que Mustafa Kemal Ataturk, padre de la república turca, decretó la desaparición del anterior, el Imperio Otomano, en 1923. Pero en 2014, el líder del EI, Abubakr al Bagdadi, hablando desde la Gran Mezquita al Nuri, de Mosul, se declaró califa del territorio que sus tropas habían conquistado en una guerra relámpago, aproximadamente del tamaño de Gran Bretaña, arrancado a Siria e Irak.

Con el apoyo de la aviación estadunidense, que les abrió paso con intensos bombardeos, los kurdos habían recuperado el último reducto yihadista: se acabó el califato. Pero precisar que se trata de una “derrota territorial” no es fortuito: están enviando el mensaje de que esto no se ha acabado, pues a nivel ideológico, el EI persiste.

Materialmente también, aunque disminuido: muchos de sus guerrilleros huyeron y se dispersaron por el desierto; otros esperan en células durmientes en la región y seguramente en países occidentales también; miles de esposas de los yihadistas, que los acompañaron soportando terroríficas noches de bombardeos, están ahora en campos de refugiados; no pueden ser enjuiciadas porque no son combatientes, pero conservan la ideología; y el emir Bagdadi logró escapar y, al frente de una maquinaria de propaganda por internet que ya ha demostrado su eficacia. En cualquier momento puede reactivar a sus seguidores.

Los kurdos enfrentan el problema urgente de qué hacer con los 5 mil prisioneros que capturaron. Más angustioso es que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quiere invadir las zonas bajo control kurdo en cuanto las tropas estadunidenses se vayan. Y Trump ya dijo que las va a retirar.

Auge y caída

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