Estrecho De Ormuz, Territorio De Riesgosas Bravatas
Revista Proceso|July 28, 2019
Estrecho De Ormuz, Territorio De Riesgosas Bravatas

Si bien hace un par de semanas Donald Trump alardeó de pacifista por haber evitado una guerra con Irán, la proximidad de una escalada bélica no lo inquieta, y sí en cambio atiza el fuego, incluyendo en sus provocaciones a uno de sus aliados: Gran Bretaña, país que aún no acaba de acomodarse a la naciente administración de Boris Johnson. Por un lado, Washington obligó a Londres a capturar un buque iraní cerca de las costas españolas; por otro, un petrolero británico fue detenido por Irán en aguas del Estrecho de Ormuz. La tensión sube...

Témoris Grecko

Donald Trump se muestra tranquilo respecto a la crisis que desató con Irán, que muchos temen que pueda desembocar en una guerra. “Me parece bien si va para un lado o para el otro”, respondió el lunes 22 a pregunta de la prensa.

Pero la región y buena parte del mundo están incómodos. Si en Irán el sector favorable al diálogo, que todavía gobierna, está contra las cuerdas ante la ofensiva de los conservadores, en Europa los aliados de Washington se ven atrapados entre opciones desagradables e incluso confrontados entre sí.

El tráfico mundial de buques petroleros está siendo utilizado como rehén en el juego de vencidas de los rivales, en tanto que Trump no parece reconocer que Irán no es un bocado menor entre otros que puede tragar.

El Millennium Challenge –los “juegos de guerra” realizados en 2002 y que tuvieron un resultado desfavorable para el Pentágono– ha vuelto a los análisis de los observadores como muestra de que las cosas siempre pueden salir mal o peor.

Aunque en el gabinete de Trump no faltan los halcones que piden no parar hasta lograr el cambio de régimen en Teherán, el presidente hizo su campaña electoral con la promesa de sacar a su país de guerras lejanas que no otorgan ganancias, para dejar de ser “policía del mundo” y compartir las tareas de seguridad con otra potencias, y se asume que su objetivo de “máxima presión” es doblarle el brazo al adversario, no irse a la guerra con él.

El problema es que la estrategia no funciona como él pensaba, pues en lugar de eso está llevando a los iraníes a comportarse como fiera acorralada; y estos están dispuestos a resistir hasta las últimas consecuencias.

Al romper el pacto nuclear firmado por su antecesor, la Casa Blanca reactivó las sanciones comerciales y las ha llevado a niveles desusados, al cancelar las “dispensas” por las que permitía que ciertos países y compañías pudieran adquirir petróleo iraní. Se trata de estrangular la economía de su enemigo.

Las tensiones empezaron a expresarse en una escalada de incidentes en el Golfo Pérsico: varios buques tanque sufrieron daños menores por la explosión de minas en sus cascos, lo que Estados Unidos atribuyó a Irán, mientras que éste los denunció como montajes; después los Guardianes de la Revolución derribaron un dron estadunidense, lo que estuvo a punto de ser respondido con un bombardeo que hubiera desatado la guerra, y que Trump aseguró haber detenido 10 minutos antes por consideraciones humanitarias; y últimamente el Pentágono aseguró haber destruido un dron, lo que Irán dice que no ha ocurrido.

Trump. Dichos beligerantes

El “Grace 1”

Todo eso ya es suficiente para afectar el paso por el Estrecho de Ormuz, por donde pasa todo el tráfico petrolero del Golfo Pérsico, que representa 45% del movimiento marítimo mundial de hidrocarburos.

De cualquier forma Washington escaló las cosas el jueves 4, cuando le pidió a la Marina británica que detuviera en el Mediterráneo, frente a Gibraltar, al petrolero iraní Grace 1, al que acusó de llevar combustible a Siria, con lo cual estaría tratando de violar sanciones internacionales.

Y Londres tuvo que recurrir a una maniobra extraña. Para enfrentar las denuncias de que había sobrepasado su autoridad, le pidió un estudio a Michelle Linderman, del grupo de comercio internacional Crowell & Moring’s, que concluyó que el acto había sido legal bajo unas regulaciones de Gibraltar… aprobadas 24 horas antes.

Esto, además, sólo era posible si el navío se hallaba en aguas territoriales de Gibraltar.

Gibraltar es un territorio que España reclama como suyo, y según Madrid, esas aguas territoriales no son de Gibraltar sino españolas.

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