El Siglo De La Hoz Y El Martillo
El Siglo De La Hoz Y El Martillo
Los grandes logros en temas de políticas sociales a lo largo del siglo XX no se entienden sin analizar el papel que jugó el Partido Comunista en la historia mexicana. Válidamente, puede decirse que la actual izquierda mexicana no se explica sin la existencia de la hoz y el martillo entrecruzados. La tenaz lucha de esa agrupación es narrada aquí por Jorge Alcocer, uno de sus más distinguidos militantes.
Jorge Alcocer V.

Este lunes 25, a las 12:00 horas, en solemne ceremonia que será presidida por el presidente López Obrador, los restos mortales de Valentín Campa Salazar serán depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres. Entre los asistentes estaremos algunos que convivimos con el viejo dirigente comunista, trabajador ferrocarrilero, preso político en Lecumberri (1959-1971), candidato presidencial sin registro legal en 1976 y diputado federal en la LI Legislatura (1979-1982). En 1989 Campa participó en la fundación del PRD, partido en el que militó hasta su muerte, en 1999.

Lo que seguramente la mayoría de los asistentes al Panteón de Dolores no sabrán es que Valentín Campa ingresó al Partido Comunista Mexicano en 1927 y que como dirigente obrero y militante comunista participó en 1936 en la fundación de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), junto a otro inolvidable dirigente también comunista y obrero, Miguel Ángel Velasco, quien compartió estancia con el escritor José Revueltas, entonces joven militante del PCM, en las Islas Marías, que al prolífico escritor y ensayista nutrió para escribir su más conocido relato, Los muros de agua.

Tampoco sabrán, nadie se los ha contado y es difícil encontrar libros de historia que consignen esos hechos, que Valentín Campa fue contemporáneo de otros comunistas que estamparon su impronta en la historia de México en múltiples campos. Como Úrsulo Galván, dirigente campesino fundador de las ligas de comunidades agrarias, de las que nació, en los años treinta del siglo XX, la Confederación Nacional Campesina (CNC). Todavía se puede ver en la carretera de Orizaba a Veracruz el monumento, en forma de pirámide, dedicado a ese comunista, y que en sus cuatro costados tiene por decenas el emblema del PCM: la hoz y el martillo.

Valentín convivió con Herón Proal, un singular comunista de los años veinte y treinta, quien hasta la fecha sigue en espera de un biógrafo. Proal fue fundador del primer sindicato de prostitutas del que se tenga noticia, en su natal Veracruz, donde también organizó asociaciones de inquilinos en defensa de sus derechos. No menos intensa fue la relación de Campa con artistas que mantuvieron con el PCM una tormentosa relación, más semejante a la de apasionados amantes que a una militancia política, como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo, Tina Modotti y otros destacados escritores, pintores, escultores, músicos y artistas de renombre nacional e internacional.

No es exageración escribir que la historia del México posrevolucionario (19201940) no se entiende ni se podría explicar sin la participación del Partido Comunista Mexicano. Organización fundada un 24 de noviembre de hace 100 años (1919); fue disuelto por voluntad de sus militantes y dirigentes el 24 de noviembre de 1981. Así se dio paso a una nueva formación, el Partido Socialista Unificado de México (PSUM), que se transformó en Partido Mexicano Socialista (PMS). En mayo de 1989 esa fuerza cedió su registro legal y patrimonio al Partido de la Revolución Democrática (PRD), del que se desprendió, en 2014, eso que hoy se denomina Morena, que obtuvo su propio registro y en ese sentido, aunque sólo en ese, puede presumir no deber nada al PCM.

El PCM fue, por su trayectoria y herencia, uno de los partidos que merecen ser considerados “históricos” en el México del siglo XX. Junto al PRI y el PAN, fundados 10 y 20 años más tarde, respectivamente, el PCM fue más constructor de organizaciones que de instituciones, pero su impronta está marcada en buena parte de la historia mexicana a partir de los años veinte. El PCM fue un “partido histórico” en el sentido que el intelectual y dirigente comunista italiano Antonio Gramsci dio al concepto. Por eso, cabe afirmar que sin su trayectoria y herencia es imposible entender el arribo al gobierno de México de algo que, aunque no se sepa o no se admita, está emparentado, en línea directa, con la historia de los comunistas mexicanos.

No existe una historia ordenada ni sistemática de la trayectoria del PCM, desdesu origen hasta su disolución. Hay varios libros que dan cuenta de algunas etapas de esa larga historia. Sin embargo, el proyecto de escribir y publicar la historia del comunismo en México, que Arnoldo Martínez Verdugo –secretario general del PCM (1958-1981)–, ideó a finales de los años setenta, nunca pasó de ser eso, un proyecto.

Como otros partidos comunistas de América Latina, el de México sufrió los vaivenes, extravíos y deformaciones de la política impuesta desde Moscú por los acólitos de Stalin. A través de la Internacional Comunista (Komintern, por su nombre en ruso) aquéllos impusieron y depusieron dirigentes a lo largo y ancho del continente, siempre en función de los intereses de la burocracia de la URSS, la “patria del socialismo real” a la cual había que proteger y defender a toda costa y por encima de cualquier otra consideración.

Las purgas internas fueron características del PCM durante varias décadas. Su figura principal en los años treinta, Hernán Laborde, fue desbancado como secretario general y expulsado a instancias de la Komintern, por negarse a colaborar en los atentados que terminaron costando la vida a León Trotsky. Al cargo fue llevado un modesto dirigente obrero, Dionisio Encina, que con el respaldo de Moscú y gracias a las frecuentes purgas –también se les conoció como “depuraciones”– se mantuvo al frente del PCM de 1940 a 1959, los años de mayor sometimiento a los dictados del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS).

Sin la participación de los comunistas no se explica la fundación de los principales sindicatos de industria, como los de mineros, electricistas, ferrocarrileros, petroleros, panaderos y muchos otros que durante el cardenismo (1936) confluyeron para la fundación de la CTM. Cuando por decisión del presidente Lázaro Cárdenas los comunistas fueron impedidos de presidir la nueva central obrera, colocando en lugar de Miguel Ángel Velasco a Vicente Lombardo Toledano, varios de los grandes sindicatos abandonaron la asamblea de fundación y se negaron a ingresar en la naciente CTM.

Tampoco sería explicable, como apunté líneas arriba, sin la participación de los militantes del PCM, la creación de las centrales campesinas y las primeras organizaciones populares, que hoy serían llamadas de la “sociedad civil”. En muchas de ellas, los comunistas tuvieron no sólo un papel destacado, sino que las encabezaron varios años. La impronta del PCM marca la historia sindical, campesina, popular y las artes de México durante las décadas de los años veinte y treinta del siglo XX.

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November 24, 2019