El Espectáculo Del Miedo
Revista Proceso|June 02, 2019
El Espectáculo Del Miedo

No se necesita ser muy perspicaz para adelantar que, si alguien se suicida por lo que se publica de él en internet, hay un malestar cultural.

Fabrizio Mejía Madrid

Esta semana, por ejemplo, en España, la madre de dos, Verónica, se mató después de que sus compañeros de una planta de Iveco compartieron un video sexual suyo grabado por su marido cinco años atrás. Más allá de la violación a la intimidad y de la venganza virtual del esposo, lo que preocupa es la forma en que la red de redes nos ha convertido en el número de visitas que generamos, en lo que se dice sobre nosotros, en los miedos que cada quien le expresa al otro sin conocerlo.

En La ira y el perdón, Martha Nussbaum, escribe: “Se puede pasar el día en busca del deshonor y de insultos, observando el mundo con la ansiedad de buscar los signos del propio ego y el aumento o disminución del lugar que se ocupa”. Hay algo retorcido en pensarse como lo que los otros dicen de uno, si aumentaron los likes –o los unlikes–, los seguidores, las exposiciones. Es como si hubiéramos hecho instantáneas y globales las reglas de los cortesanos. El problema no es que exista tal protocolo detestable, sino el confundir eso con el yo y los otros. Confundirse a tal grado que el número de seguidores alimente una especie de insaciable Narciso, o te haga un famélico avergonzado de no tener más. Confundirse hasta el límite de pensar que todo lo que somos en nuestra vida –los afectos, las idiosincrasias, los errores, los aciertos– quedan reducidos a un video, una foto, un insulto. Y los otros, que pueden ser nuestra conexión, consuelo, fortalezas y debilidades, se convierten en el infierno.

La famosa frase de Jean-Paul Sartre en A puerta cerrada, la que pronuncia Garcin, se refiere a un infierno intersubjetivo: “Asíque esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído. ¿Recuerdan? ¿El azufre, la hoguera, la parrilla? Ah, qué broma. No hay necesidad de parrillas, el infierno son los otros”. Esa frase célebre opaca otra que me parece mucho más terrible: “Usted no tiene derecho a infligirme el espectáculo de su miedo”. Es una de las dos mujeres encerradas con Garcin, Inés, la que dramatiza hasta el alarido lo que significa para los seres humanos lo que los otros piensen de él:

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