Caso “Charlie Hebdo” – La crudeza de los testimonios
Revista Proceso|September 20, 2020
Caso “Charlie Hebdo” – La crudeza de los testimonios
La Corte Penal Especial de París dio comienzo al juicio –que concluirá en noviembre– contra 11 de los 14 acusados de ser cómplices de los atentados de enero de 2015 contra el semanario satírico Charlie Hebdo y contra un supermercado kósher, hechos que costaron 17 vidas. Los autores de las matanzas no verán la cara de la justicia, pues fueron ultimados inmediatamente después de cometer sus ataques. Proceso estuvo presente en las audiencias presididas por Regis de Jorna...
By Anne Marie Mergier

“Yo soy Charlie”. Un atentado que cimbró a Francia

PARÍS.- Cada día se repite el “ritual”. A las nueve de la mañana, media hora antes de la llegada solemne de los cinco magistrados que integran la Corte Penal Especial de París, los 11 inculpados ingresan a la sala de audiencias del tribunal.

Entran uno tras otro. Llevan mascarillas anticoronavirus, como todos en el Palacio de Justicia. Visten ropa civil, común y corriente, tienen las manos esposadas detrás de la espalda y cada uno está custodiado por dos policías protegidos con chalecos antibalas, fuertemente armados y con los rostros cubiertos con pasamontañas negros.

Uno de los policías sujeta el brazo izquierdo del preso. El otro lo sigue. Tiene en la mano el extremo de una cadena sujeta a las esposas. La escena evoca tiempos medievales.

Los presos se reparten en dos “jaulas” de cristal antibalas. Se sientan. Sus custodios les quitan las esposas y toman asien to detrás de ellos. El único inculpado que comparece libre se sienta solo, cerca de una de esas jaulas.

Estos 11 hombres están acusados de complicidad con los hermanos Cherif y Said Kouachi, que asaltaron la sede del semanario Charlie Hebdo y mataron a 12 personas el 7 de enero de 2015, y con Amedy Coulibaly, quien asesinó a una policía el 8 de enero de 2015 en Montrouge, suburbio sureño de París, y el día siguiente atacó un supermercado kósher en el que ejecutó a cuatro rehenes. Los tres terroristas fueron ultimados por unidades especiales la tarde del 9 de enero.

Al final de la primera semana de este juicio –que empezó el miércoles 2 y acabará el 10 de noviembre–, Regis de Jorna, presidente de la Corte Penal Especial de París, se dirigió a los acusados para proceder a los “interrogatorios de personalidad”. “Usted nos va a hablar de su persona, de su infancia y de su itinerario”, pidió el magistrado con voz pausada a cada acusado.

De sus relatos –bastante cautelosos y obviamente “inspirados” por sus abogados– se desprende que provienen de entornos modestos. Varios son franceses de origen magrebí, uno es de origen turco, otro tiene nacionalidad belga. Son delincuentes comunes. Todos, salvo uno, pasaron largas temporadas en la cárcel por hechos de violencia, atracos, tráfico de drogas, de coches o de armas.

Todos insistieron en que no entendían por qué estaban implicados en “esta historia” y que no se habían percatado de la radicalización de Coulibaly ni de sus lazos con los hermanos Kouachi. Sus alusiones al islam fueron breves y moderadas.

Las víctimas y los sobrevivientes de los atentados vivieron ese momento del juicio con una tensión emotiva extrema, pues por primera vez encaraban a los presuntos cómplices de los terroristas. Escucharon sus voces, midieron cada una de sus palabras, escrudiñaron cada gesto, intentaron percibir los rasgos de sus rostros detrás de las mascarillas. Algunos presos optaron por hablar a cara descubierta y fue, por cierto, el único día en que se les permitió hacerlo.

Mucho más fuerte fue la tensión que imperó durante toda la segunda semana del juicio tanto en la sala principal de audiencias, que acoge a la Corte, los presos, parte de las víctimas y a los abogados, como en las otras cuatro salas, en las que se transmite el juicio en vivo en inmensas pantallas.

Del 7 al 11 de septiembre las sesiones de trabajo de la Corte Penal Especial de París se dedicaron exclusivamente al ataque a la sede de Charlie Hebdo.

Palabras, imágenes, reflexiones

El lunes 7, Christian Deau, investigador de la sección antiterrorista de la Brigada Criminal, presentó las imágenes filmadas en la redacción del semanario por los camarógrafos de su servicio justo después de la matanza y antes de la evacuación de los cadáveres.

Fueron imágenes inaguantables de cuerpos acribillados, unos aislados, otros enredados, como entrelazados y amontonados, todos bañados en sangre:

El cuerpo de Stéphane Charbonnier, Charb, caricaturista y entonces director del semanario satírico, alcanzado por siete balas, tres de las cuales le destrozaron la cabeza. “Todas fueron disparadas a una distancia de 10 centímetros”, precisó Deau.

Los cuerpos de Frank Brinsolaro, policía encargado de la seguridad de Charb, y de Philippe Honoré, diseñador, atravesados por cinco proyectiles.

Los cuerpos de Georges Wolinski, de 81 años, caricaturista, decano del equipo; y de Mustapha Ourrad, corrector de Charlie, impactados cada uno por cuatro balas. Los de Jean Cabut, Cabu, y de Bernard Verlhac, Tignous, caricaturistas, ambos heridos mortalmente por dos balas.

Los cuerpos de Elsa Cayat, psicoanalista, y de Bernard Maris, economista, cronistas del semanario, alcanzados cada uno por un balazo también disparado a quemarropa. “En el ojo derecho, en el caso de Elsa Cayat”, especificó Deau.

Y finalmente el cuerpo de Michel Renaud, invitado por Charb, que visitaba por primera vez el semanario y recibió tres proyectiles.

En esa filmación no aparecieron los sobrevivientes, gravemente lesionados, que fueron evacuados de inmediato: Fabrice Nicolino, periodista de Charlie, herido en la pierna; Laurent Sourisseau, Riss, caricaturista, actual director del semanario, quien recibió balazos en el hombro; Simon Fieschi, webmaster de la revista, con la médula espinal lesionada; y Philippe Lançon, periodista cuya mandíbula fue arrancada por un proyectil y que debió someterse a 17 operaciones para recobrar un rostro.

Tampoco se vio a los sobrevivientes, físicamente ilesos pero profundamente traumados, que fueron llevados al Hospital del Hôtel-Dieu para ser atendidos por psicólogos. Casi todos estos rescatados se expresaron ante la Corte Penal Especial de París el miércoles 9 y el jueves 10.

Todos sus testimonios merecerían ser integralmente transcritos y publicados por la fuerza, la dignidad y la autenticidad que emanan de ellos, por las interrogantes que plantean sobre la condición humana, el destino, el odio, la compasión, la resistencia, el fanatismo, el compromiso político, la libertad de expresión, el sentido de la vida, la soledad abisal de quien sobrevive a lo invivible…

Unos se presentaron con apuntes que nunca leyeron, otros empezaron diciendo que habían reflexionado mucho sobre lo que les importaba decir… Sin embargo, solos y de pie ante la Corte, de espaldas a los asistentes y de cara a las cámaras, conscientemente o no, todos hicieron a un lado el relato que habían elaborado y dejaron que emergieran de lo más hondo de su ser palabras, imágenes, reflexiones, pensamientos, sentimientos de una intensidad inconmensurable.

Cada uno habló no sólo con su propia voz, a menudo alterada por la emoción, sino con todo su cuerpo: manos apretadas, brazos crispados, hombros cansados, piernas sacudidas por temblores, movimientos de cabeza incontrolados, espaldas encorvadas o rígidas, respiración entrecortada, lagrimas irreprimibles…

A veces sus rostros, ocultos por las mascarillas, ocupaban toda la pantalla. Sobresalían las expresiones de sus ojos, que parecían mirar más allá de lo visible.

“No hay jerarquía en la muerte”

¡Que difícil resulta “seleccionar” voces para esta crónica, ser el eco de unas y callar las otras!

Pero si hay una voz que tiene que ser oída es la de Jérémie Ganz, amigo de Frédéric Boisseau, primera víctima de la matanza perpetrada por los hermanos Kouachi y “última en ser enterrada”, precisó Ganz en tono amargo, aludiendo a la dificultad que tuvo la familia para “recuperar” el cuerpo del difunto.

Jérémie Ganz, Frédéric Boisseau y un tercer hombre, Claude (no se mencionó su apellido), trabajaban con la empresa Sodexo, especializada en mantenimiento de sistemas de calefacción.

Los tres técnicos llegaron al número 10 de la calle Nicolas-Appert poco después de las 11 de la mañana del 7 de enero de 2015. Era su primer día de trabajo en ese lugar. No tenían la menor idea de que la sede de Charlie Hebdo se encontraba en el segundo piso del edificio.

Lo que les importaba era tener acceso al sótano del inmueble. No entendían a qué cerraduras correspondía el juego de llaves que les había entregado su jefe. Finalmente descubrieron que les permitía entrar a la portería. Los tres entraron a ese local exiguo donde encontraron la tarjeta magnética que correspondía al sótano. De pronto se abrió violentamente la puerta de la portería.

Ganz revivió la escena: “Aparecen dos cuates vestidos de negro, con chalecos antibalas, pasamontañas negros y armados con Kalashnikov. Uno de los cuates aúlla: ‘¡Charlie! ¡Charlie! ¿Dónde está Charlie?’. Y dispara. Veo el humo que sale del cañón del arma. Me siento ensordecido por el ruido del disparo. ‘¿Dónde está Charlie?’, sigue aullando el tipo.

“No entiendo de qué está hablando. No entiendo nada. Siento que estoy alucinando. Busco protegerme el rostro con los brazos. Pongo una rodilla en el piso y les grito: ‘Somos de mantenimiento. Es nuestro primer día aquí. No somos porteros’. Los cuates se van.

“Entonces oigo la voz de Fredo (Frédéric) que me dice: ‘Jérémie, estoy herido. Llama a Catherine (su esposa)’. Me doy la vuelta y veo que Fredo está tirado en el piso. Antes de la llegada de los tipos estaba sentado, pero el balazo lo propulsó contra la pared al fondo de la portería. Chorrea sangre…”

Convencido de que los terroristas pueden volver en cualquier momento, Ganz jala el cuerpo de su amigo hasta el baño, donde se encierran los dos. Oyen disparos, muchos disparos. Son los de la masacre perpetrada por los hermanos Kouachi en la sede de Charlie Hebdo.

“Encontramos 36 casquillos en el piso de la sala de redacción, casi todos provenían de la Kalashnikov de Cherif Kouachi”, había explicado Deau el día anterior.

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