Cognac, la tierra -calcárea prometida
Cognac, la tierra -calcárea prometida
De la mano de la Maison Martell visitamos una de las zonas más representativas de Francia y descubrimos las peculiaridades de una bebida hecha a base de los eaux de vie más exclusivos
RAQUEL RIVAS

Durante las tres horas que duró el trayecto en tren de París a Cognac recordé varias veces una frase que la escritora belga Marguerite Yourcenar apuntala en Fuegos: “El alcohol desembriaga. Después de unos sorbos de cognac, ya no pienso más en ti”. La obra de Yourcenar surgió de una crisis pasional y me gusta pensar que el cognac también surgió de una crisis: la de supervivencia, cuando en el siglo XVIII se almacenaba en barricas durante mucho tiempo el vino de la región en espera de ser comprado, porque los más demandados eran los caldos de Burdeos y de Borgoña, y éste, en su espera por ser elegido, se transformaba en un elixir dorado cuyo sabor mutaba con fuerza para deleitar así a los paladares más sibaritas. Aunque otros historiadores señalan la creación de esta exclusiva bebida en la idea de que los productores hervían el vino para concentrarlo, con la intención de poder transportar así mayores cantidades vía marítima. Su nacimiento será un misterio, sin embargo, su origen es indiscutible: Cognac, un lugar donde la tierra cuenta con toda una suerte de características diferenciadoras, y donde los efectos de la cal en el suelo en que crecen las uvas dan al sabor de éstas la unicidad que, a la fecha, no se ha encontrado en ningún otro lugar del mundo.

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Diciembre/Enero 2020