This Is Me
Revista Moi|Abril 2019
This Is Me

Si nos vamos a sentar a mentirnos unos a otros, pues mejor que cada quien se quede en su casa.

Martha Debayle

Crecí en una familia en la que todo se habla, todo se verbaliza; los trapos sucios se lavan donde se ocupe y, claramente, no hay una huella de vergüenza por ningún lado: todo es abierto. Si hay que gritar, se grita; si hay que confesar, se confiesa; y si hay que meterse en la vida del otro para opinar y salvarlo del precipicio, pues ¡también! Es sumamente liberador e íntimo. Entre mi entorno familiar y mi propia personalidad era casi imposible que yo fuera de otra manera, y sí, una de mis virtudes es también uno de los grandes riesgos que corro todo el tiempo: ser demasiado transparente.

Yo amo a la gente auténtica, abierta, la que no se apena ni se achica por nada y de nada. La gente que abiertamente acepta, habla y se carcajea de todo lo que son y no son, para bien o para mal.

No concibo sentarme enfrente del micrófono ni de una hoja en blanco y no compartir mi verdad, hablar de “mis cosas” —para lo que sea que le sirva a alguien más—, carcajearme y equivocarme por doquier, sin miedo. ¿Que si soy demasiado confiada? Cien por ciento. ¿Que me he llevado santas sorpresas? También. ¿Lo cambiaría? CERO, NUNCA.

Miren, no puede haber intimidad emocional con tu gente cercana (cuentahabientes incluidos), si uno no se muestra tal como es. Y si yo no me compartiera de a de veras —y compartirme es de lo que más me mueve—, entonces sería una absoluta pérdida de tiempo para mí y para quien me escucha y me lee. Compartir nuestras experiencias con los demás es el mejor regalo. Lo contrario sería una contradicción. Fingir tener la vida resuelta, que nada nos ha costado trabajo, que no hemos tenido fracasos o que somos perfectos, ¡NO HAY FOR-MA!

Ahooora, una cosa es no fingir y otra es exponerte. A trancazos he aprendido que, en mi profesión, entre más creces tú y tu audiencia, más se entremezcla la gente buena con la que solo está esperando que te equivoques, ansiosa de verte caer, de usar lo que sabe de ti para criticarte, juzgarte y tratar de hacerte daño. Sé perfecto quiénes son y cuánto han gozado al hacerlo, pero como yo no estoy aquí para servirles a ellos, sino a ustedes, eso acaba siendo lo de menos.

Share Knowledge, “comparte el conocimiento”, es lo que digo en cada video que hago. Por eso, aquí estoy para ustedes, sin filtros, con sus preguntas más reveladoras.

¿A quién siempre le pides su opinión en temas profesionales y personales?

Como le digo a mis hijas, hay gente para todo. Hay amigos con los que puedes parrandear, otros con los que puedes platicar, otros buenísimos para escucharte, otros que son grandes consejeros y otros, muy pocos, con los que puedes hacer todo lo anterior. No siempre toda la gente que te rodea puede darte todo lo que necesitas.

Entonces, mis pilares son: Eugenia, mi hermana, pues es muy sensata para dar consejos; los momentos en los que estoy verdaderamente eno jada o confundida y necesito un reality check, hablo con ella. Rebeca Mangas es muy buena para escuchar, aunque a veces la quiero matar porque normalmente me contesta, “Sí, está cabrón, hija, está cabrón”, y a trancazos le tengo que sacar su opinión. Es una de las personas con mejores sentimientos que conozco. Margarita, mi amiga desde los 12 años, es una de las personas más inteligentes que hay, y cuando las cosas verdaderamente se ponen color de hormiga, ella es quien me puede dar una perspectiva muy, muy, pero muy certera y aguda. Ella ve lo que yo vería si no estuviera ciegamente furiosa o devastada. Y Juan, aka Spiderman. Creo que no hay nadie tan inteligente y emocionalmente sereno como él. Tiene la increíble habilidad de serenarme cuando estoy a mil por algo. Confío mucho en su juicio y en la apreciación del problema que le ponga enfrente. Profesionalmente, en especial en lo que a mí se me complica, la parte financiera y operativa del negocio, porque tiene mucha más experiencia (él sí tiene carrera y hasta maestría, jajaja). No nos vayamos lejos, ¡el señor es parte de mi consejo administrativo! Ese es mi equipo de primera línea. Pero hay varios más, que se van a poner chinos cuando vean que no los mencioné.

¿Tu acento de gringa es real o lo exageras?

A ver, jajajaja, ¡para poner este tema a dormir de una vez por todas! Cuando llegue a vivir a México NO sabía hablar español. Mi primer idioma es el inglés. A eso súmenle que tuve harto novio que solo hablaba inglés; mis dos hermanos mayores hablan mejor inglés que español y toda mi familia (papás incluidos) ¡es pochísima! Para nosotros es totalmente normal pasearnos entre el español y el inglés todo el tiempo. Ahora, recuerden que nací en Nicaragua y ahí están igual de mal por la influencia yankee de principios del siglo antepasado. Allá se dice bacon (beicon) y no tocino, parkear en vez de estacionarse, entre otras atrocidades, jajaja. Luego entonces, me deberían de felicitar por lo bien que hablo español.

¿Alguna vez has cachado que se te subió la fama y te pasaste de sangrona?

¿La neta, la neta, la neta? No. Explico por qué: a la fecha me sigue pareciendo difícil creer que me pidan una foto o un autógrafo. Yo sigo riéndome como la que siempre he sido, famosa y no famosa. No me permito creerme todo lo que la gente se imagina que soy, porque, aparte, a lo que nos dedi camos no debe definir quiénes somos; es meramente circunstancial. Uno nunca sabe, pero el día de mañana puede ser que no estés donde estás hoy, ¿y entonces? No te puedes permitir perderte. Lo que sí puedo decir es que cuando vives tan para afuera, cuando 90% de tu día y de tu vida es pública, para los demás y es visible, es cansado, porque encima de todo lo que haces, tienes que verte como la gente se imagina que eres 24/7. Sin embargo, hay ciertos momentos en que me rehúso a ser la esclava de la vida que yo creé y dejar de hacer lo que se me ronca la gana, desde ir a comprar plantas en chancletas a Xochimilco hasta ir corriendo al súper en pijama y de cara lavada.

La verdad, ¿eres tan mamona como pareces?

A ver, esa pregunta se la hacen a la gente que trabaja conmigo, ¡TODOS los días! A mis jefes, a mis amigos, a quien sea que saben que está cerca de mí, es lo primero que les preguntan. Lo digo así de claro: NO SOPORTO a la gente mamona que te saluda con desdén, que se siente mejor que los demás, que te mira para abajo, que se cree todo lo que son, a los pretenciosos, poco auténticos, posados.

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