Esa Culpa No Estuya
Revista Moi|Abril 2019
Esa Culpa No Estuya

Sobrevivir a una tragedia, tener salud, embarazarte o conservar tu chamba no siempre es puro júbilo, sobre todo si a otros no les fue tan bien como a ti. Es normal tener empatía, sentir tristeza y desear que la otra persona esté mejor o que hubiera sobrevivido, pero no puedes detener tu vida por cargar culpas que no te corresponden.

Shulamit Graber

Uno de los grandes desafíos de todas aquellas personas que superaron un evento trágico o una situación muy traumática es haber sobrevivido. Es común que muchos se sientan culpables por librar la muerte, por no sufrir tanto como otros o por sentir que no hicieron lo suficiente para ayudar a los demás. A esto se le llama síndrome del superviviente o culpa del sobreviviente.

Este síndrome tiene síntomas psicológicos, pero también puede presentar reacciones físicas. Puede ocurrir a cualquier edad y es consecuencia de una situación traumática que se vivió con mucho estrés y angustia, pero no necesariamente tiene que ser una guerra o un terremoto; una situación personal difícil, como la muerte de un ser querido, una agresión sexual y hasta un despido masivo en el trabajo, puede desencadenar este mal.

El síndrome del sobreviviente aparece después del trastorno por estrés postraumático, y como ambos presentan síntomas muy similares, es un poco difícil diferenciar uno del otro y así tratarlo adecuadamente.

SEÑALES DE ALERTA

Estos son algunos de los síntomas de los que hay que estar pendientes después de pasar por un evento traumático, porque pueden indicar que estás (o alguien cercano) sufriendo este síndrome.

1. Sentimientos de culpa y una necesidad de autocastigo por no haber podido ayudar lo suficiente. Se siente como si uno hubiera traicionado a quien no superó el evento. Te preguntas “¿por qué a mí no me corrieron?” o “¿por qué estoy vivo si muchos murieron?”, en lugar de agradecer que no estás en ese lugar.

2. Exceso o falta de apetito. Es una muestra clásica de trauma, en la que uno trata de cubrir sus sentimientos con la comida.

3. Reexperimentación del evento en sueños (pesadillas) o pasar todo el día pensando en el trauma.

4. Dificultad para concentrarte y problemas para realizar cualquier actividad cotidiana, ya sea en la escuela, el hogar o el trabajo.

5. Presentas sentimientos negativos que antes del suceso no habías sentido: ansiedad crónica, fatiga, labilidad emocional, aislamiento social, irritabilidad, tristeza y desesperanza.

6. Dificultad para disfrutar cosas que antes te provocaban placer: ya no te interesa tener una vida social, falta de motivación y dificultades en la vida sexual, etc.

7. Pensamientos suicidas. Es el extremo. Los sobrevivientes pueden pensar que no merecen vivir si los otros no lo lograron.

LO QUE PASÓ NO ES TU CULPA

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