Liam Payne su voz y su guitarra
Esquire Latinoamérica|Octubre 2020
Liam Payne su voz y su guitarra
Uno de los artistas jóvenes con mayor proyección internacional, un hombre feliz que –a falta de giras y conciertos– aprovecha la pausa mundial sin perder su camino. Desde Londres , en exclusiva para Esquire México, charla sobre lo vivido y lo que viene.
BENJAMIN ACOSTA Y DANIELA VALDEZ

Son pocas LAS PERSONAS que se ven en la posición de elegir entre una carrera como atleta de alto rendimiento o una reconocida estrella del pop. Sin duda ambas opciones implican sacrificios extraordinarios desde muy temprana edad que solo pocos están dispuestos a cumplir: disciplina, pasión, talento, vivir lejos de la familia y amigos, poco hogar, muchas horas de soledad, dinero y todo lo que la fama conlleva, para bien o para mal.

Es el caso de Liam Payne, quien de niño soñaba con ir a las Olimpiadas como corredor y, al mismo tiempo, le prestaba una atención muy especial a la música. Al final, Payne, después de experimentar la frustración que supone la carrera de un atleta, y que la vida misma le mostrara que su camino iría por otro lado, decidió enfocarse en la música. Hoy no cuesta trabajo reconocer al atleta en su cuerpo marcado y tatuado –y en ese rostro perfectamente afeitado como recién salido del aparador de una tienda exquisita–, pero en el deporte la competitividad nos es un asunto negociable; por más esfuerzo que pusiera en ello, difícilmente llegaría al nivel que necesitaba para integrar el equipo olímpico representante de Inglaterra en pruebas de velocidad. El mundo del arte le ofrecía, en cambio, una forma más libre de expresarse y de ser.

De alguna manera, Liam entendió que no cumplir su meta deportiva, no implicaba –necesariamente– recriminarse o culparse. Por el contrario, hoy, cuando mira al pasado, entiende que logró reconocer a tiempo su error al confundir una actitud obsesiva con una verdadera pasión. “El esfuerzo es lo que realmente cuenta. Haberlo intentado fue fundamental, pero también entender que si no resultaba, simplemente no era para mí”, reflexiona en una llamada telefónica desde Londres, donde vive. “Es un proceso, como sucede prácticamente con cualquier tema en la vida. Tampoco hubiera imaginado estar en el lugar donde me encuentro ahora”, puntualiza, refiriéndose a las puertas que se cierran para transformarse en valiosas señales de vida.

Y no me refiero a la frase de Samuel Beckett: “Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Intenta otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. Años después, Payne estaría enfrentándose a la frustración de nuevo, ahora frente al jurado de The X Factor; sin embargo, esta vez no estaba solo: a partir de ahí seguiría su camino junto a Harry Styles, Niall Horan, Zayn Malik y Louis Tomlinson, con quienes formó una de las boy bands más importantes en su momento: One Direction. Este pasado mes de julio, Liam y compañía mostraban su cariño en redes sociales al cumplirse una década del nacimiento de la banda, lo que despertó muchos rumores sobre un posible reencuentro.

Pero volvamos a los inicios: la competencia estaba cerrada entre Rebecca Ferguson y Matt Cardle, quien resultó ser el ganador. Esa noche cantaron “She’s the One” junto con Robbie Williams, lo que les ganó la total atención del público, un logro difícil de alcanzar en la era de la producción musical de alta calidad que se puede hacer hasta en casa, además de lo difícil que es destacar entre la infinidad de posibilidades que ofrece el pop.

Pantalón y camisa, de Louis Vuitton. Lentes de sol, de HUGO. Anillo de plata cuadrado, de The Great Frog. Otros anillos, de Alighieri.

A pesar de haber quedado en el tercer lugar del programa y después de que la jueza Nicole Scherzigner sugiriera que los cinco formaran un grupo, el afamado productor Simon Cowell decidió apadrinarlos y firmarlos con el sello discográfico Syco. El resto es historia. Una vorágine de reflectores, flashes, aviones, estadios abarrotados, discos de platino, cuartos de hotel, fans por doquier... Payne se convirtió en una de las figuras más populares de la música del momento, en un fenómeno que los colocó en el número uno de las listas de ventas con Up All Night (2011) y Take Me Home (2012), sus dos primeros álbumes, antes de lograr convocar a 3.5 millones de personas en la gira mundial originada por su tercer álbum Midnight Memories, en 2013, y más de cuatro millones de copias vendidas alrededor del mundo, lo que no es poca cosa.

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Octubre 2020