El abogado de las estrellas
Esquire Latinoamérica|Septiembre 2020
El abogado de las estrellas
¿De qué nacionalidad será el primer bebé nacido en Marte? ¿Quién juzga un delito cometido en el espacio? Un exclusivo grupo de abogados expertos en leyes espaciales están asentando las bases que regirán nuestras relaciones interestelares. En Esquire hemos hablado con uno de ellos y sorpréndanse de lo que nos ha contado. El sueño de viajar al planeta rojo es antiguo. En la imagen, el cartel de la película Viaje a Marte (1926).
Por Ana Pérez

ANOCHECER DE VERANO EN LA PLAYA. Una pareja está sentada sobre la arena tibia mirando cómo se eleva la Luna sobre el mar. En un arranque romántico, una le dice a la otra: “Te regalo la Luna”. No sé ustedes, pero si yo paso por allí, me paro y en tono firme le digo: “Eso no es posible. El tratado de 1967 sobre los principios que rigen la actividad de los estados en la utilización y exploración del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, prohíbe la apropiación de esta. Y surge del derecho civil que nadie puede regalar algo que no le pertenece. No les molesto más”. Así inicia su charla TED Juan Cruz González Allonca, uno de los escasos abogados espaciales (según su propio testimonio, cinco o seis) que existen en el mundo. Sí, no es una broma: existen. Y se trata de una profesión a tener muy en cuenta en el futuro próximo. ¿La razón? El propio González Allonca, desde su despacho en la Universidad de La Matanza de Buenos Aires, donde es docente, nos lo explica: “Actualmente estamos inmersos en la nueva era aeroespacial o New Space, como se denomina en EEUU. Esto implica que la exploración espacial ya no es exclusiva de Rusia y EEUU como antes. Cada vez hay más países en desarrollo, como India, que participan de ella. Y el sector privado ha entrado de lleno. Desde empresas grandes como Google, Amazon o Space X (del CEO de Tesla, Elon Musk) hasta otras más pequeñas que tienen su propio satélite, ofrecen servicios en órbita o construyen cohetes”.

Es el caso, por ejemplo, de la empresa española PDL Space, que recientemente anunciaba que había desarrollado un cohete low cost, al que ha llamado Miura y que asegura lanzará en pruebas desde Huelva en breve. Pero ¿se puede lanzar un cohete al espacio asi sin más?

“Esa es la cuestión” agrega González. El espacio se está democratizando, lo que hace que haya cada vez más gente implicada en este sector. A mí cada día me consultan más empresas pequeñas de este tipo, que llegan al espacio gracias a que el desarrollo tecnológico permite ahora construir satélites o cohetes más baratos. Y todo esto tiene consecuencias legales que hay que tener en cuenta. Hay que adelantarse y crear marcos legales para afrontar estos desafíos y otros que están empezando a ser inminentes, como el uso racional y sostenible del espacio”, explica.

ATASCO INTERESTELAR

El 28 de mayo de 2019, medios de todo el mundo hacían eco de un ‘fenómeno astronómico’ que se había observado en el cielo desde gran parte del planeta. Esta vez no se trataba de una lluvia de estrellas o del paso de un cometa, sino de la visualización de los 60 satélites de StarLink, el ambicioso proyecto de Elon Musk que pretende crear una enorme red de Internet de banda ancha. Otros dos lanzamientos similares después, el pasado febrero (con sus respectivos 120 satélites), provocaron que la prestigiosa revista The Atlantic titulara: “El cielo nocturno nunca volverá a ser el mismo”, en referencia a las luces artificiales que emiten los satélites de Musk y que están enturbiando la visión de la noche estrellada desde la Tierra en muchas partes del planeta. Es un ejemplo muy gráfico de lo que los expertos denominan ‘contaminación espacial’: “La megaconstelación de satélites de Space X obstruyó la visión de las constelaciones de distintos observatorios en la Tierra y generó interferencias en un montón de telescopios de astrónomos. La constelación de Musk está planeada para albergar 42.000 satélites. Solo se enviaron 60 y ya produjeron interferencias. En el futuro, esta sobreexplotación va a generar tres problemas graves: la congestión en la órbita baja de la Tierra, más basura espacial y un alto nivel de contaminación para observar el espacio. Hay que hacer lo posible para que el espacio sea de todos, que lo podamos disfrutar todos y que siempre haya un beneficio para la humanidad de por medio. Además, hay que evitar que su libre disposición haga que algunas órbitas se saturen y después sean intransitables”, apunta González Allonca.

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Septiembre 2020