¿Por qué mi violación fue anticlimática?
Cosmopolitan en Español - México|Noviembre 15 - 2018
¿Por qué mi violación fue anticlimática?

Después de haber sido atacada, Laura Hunter-Thomas no lloró, ni lo reportó, ni reaccionó como todos pensaron que lo haría. Entonces ¿por qué las reacciones de la gente la hicieron sentir más ultrajada que su violador?

Fotografías Antonio Petronzio

Conocí a mi violador en un lugar muy inusual: en un bar gay. Fue en la primavera del 2015 y estudiaba en la Universidad de Columbia, Nueva York. Mis amigos (la mayoría eran hombres gais) y yo nos dirigimos al bar Suite, en la avenida Ámsterdam, a siete calles del campus. Hasta que conocí a mi violador, era una noche cualquiera: un grupo de amigos disfrutando de un buen rato juntos, en un ambiente que nos hacía sentir seguros y cómodos. Mis amigos se sentían como en casa en Suite por obvias razones, y yo me sentía contenta y aliviada de no tener que andarme cuidando de las miradas penetrantes de los hombres. En ese entonces no sabía que un predador estaba justo aprovechándose de esa falsa sensación de seguridad para facilitar su ataque.

No recuerdo mucho acerca de él. Sé que era alto, delgado y de piel morena. Se veía arreglado y presentable, aunque no muy guapo. Recuerdo que se acercó con un grupo de hombres y por eso asumí que era gay; también por eso no me preocupé cuando comenzó a hablar conmigo. Dejé que me invitara un trago y no sentí la necesidad de seguir el mismo protocolo de acompañarlo al bar para ver cómo preparaban mi bebida, antes de recogerla directamente de las manos del bartender.

Algo más que ahora sé: el trago estaba adulterado. Cuando pienso en mi recuerdo de esa noche, se corta de cuando conocí a mi violador -aceptando su trago y hablando- a estar en la parte trasera de un taxi con él, sin saber a dónde nos dirigíamos y sin poder mover mis extremidades, como si estuviera paralizada. Después, un segundo corte en mi memoria: tiene un brazo alrededor de mi cadera y ha colocado mi brazo en sus hombros. Me estaba ayudando (más bien, cargando) a entrar a una habitación en un departamento vacío. Me colocó en un colchón en el centro de la recámara. Aún en mi estado desconcertado, pude observar que este lugar parecía el de un drogadicto o algo peor. Cuando pienso en este momento, me sentí mareada cuando me pregunté si para ese entonces mis amigos ya se habían dado cuenta de que había desaparecido: nuestro grupo se dispersó casi en cuanto llegamos a Suite y ninguno de mis amigos me vio irme. Tal vez, mientras me doy cuenta de la gravedad de las cosas en este horroroso y espantoso lugar, ellos están bebiendo, bailando y ligando... pasándola muy bien.

Sé que estoy en una mala situación. Pienso que tengo la oportunidad de escaparme antes de que las cosas empeoren si sigue pensando que su plan está funcionando. Así que coqueteo con mi violador, tratando de ignorar el hecho de que todo en mi periferia se ha tornado de color rojo, el de la sangre. Es como si mi conciencia se hubiera separado en dos: una parte que puede pensar claramente las cosas en la vida real, y otra con la que tienes que pelear, pero manteniendo la calma. Quería hacerlo bajar su guardia y así tal vez podría encontrar un punto para escapar. Otra parte de mi conciencia ni siquiera es humana, y eso me asusta. Es la personificación del terror animal, uno que puede oler la matanza en el aire.

Le pido a mi violador un vaso con agua sonriendo y mostrando todos mis dientes, y él sale de la recámara. Veo mi oportunidad. Tomo mi bolsa y corro a la puerta delantera, pero no abre. En mi estado afectado, le toma un poco de tiempo a mi cerebro darse cuenta por qué. La puerta tiene múltiples cerrojos, al menos cuatro o cinco. Dicen que tu corazón se hunde; nunca supe lo violenta que sería esa sensación. Cuando la puerta no abrió, el entendimiento que no podría escapar fue como si alguien me hubiera golpeado físicamente. Al final sentí cómo él colocaba su mano en mi hombro.

Había algo más que podía intentar. Si no podía irme, tal vez podría quedarme y pedir ayuda. Saqué mi celular de la bolsa, pero en cuanto intenté marcar 911, me preguntó qué estaba haciendo. Traté de seguir coquetéandole y le guiñé el ojo. “Ah, le estoy escribiendo a mi roomie para avisarle que no llegaré hasta más tarde”. Pero me arrebató el celular de las manos. También mi bolsa. “No los necesitas”, me dijo, abriendo el cajón de un buró que estaba al costado del colchón y depositando mis cosas dentro de él.

Lo siguiente que supe fue que desperté sola, sin ropa, adolorida y pegajosa entre mis piernas. Sabía con toda seguridad que me habían violado.

No recuerdo haberme vestido. Sólo haber estado en la puerta delantera, la cual no pude abrir. Mi violador consiguió lo que quería y se fue, dejando la puerta sin seguros. Recuerdo haber llegado a la calle, tratando desesperadamente de encontrar un taxi. No tenía idea de dónde me encontraba. Eventualmente pasó uno y me llevó a casa. Cuando llegué, mi roomie no estaba. Colapsé en mi cama con todo y ropa, y me dormí.

articleRead

You can read up to 3 premium stories before you subscribe to Magzter GOLD

Log in, if you are already a subscriber

GoldLogo

Get unlimited access to thousands of curated premium stories, newspapers and 5,000+ magazines

READ THE ENTIRE ISSUE

Noviembre 15 - 2018