Pero ¿tiene razón?
Cosmopolitan en Español - México|Septiembre 18 2019
Pero ¿tiene razón?
Un incremento en la cantidad de mujeres con curiosidad por dormir con otras chicas, a espaldas de sus novios, ha borrado las líneas de la fidelidad. Pero, ¿a quién le afecta este nuevo fenómeno? OLIVIA EDWARDES investiga.
Por Olivia Edwardes

Con el rímel completamente embarrado, me despierto enredada en una bola de rizos color café a mi costado y junto a una espalda poco familiar. Me doy cuenta del diminuto tatuaje de un corazón rojo detrás de la oreja izquierda de esta persona; es sutil y muy lindo. Y no es mi novio. Inmediatamente, sin mayor esfuerzo, lo recuerdo todo… Estoy en una habitación oscura que no es la mía. En el piso está una pila de pantalones de mezclilla, mucho maquillaje esparcido y un bra blanco de encaje. El cuarto huele a perfume y sexo. Repentinamente la chica que estaba dormida a mi lado se mueve pasando su brazo por encima de mí. Cierro los ojos e intento descifrar cómo puedo reconstruir la amistad que apenas tenía con esta chica, con quien he cruzado la línea. Y también qué le diré a mi novio cuando lo vea para desayunar. Ups!

Había visto a Lola* varias veces, bailando con sus amigos en el campus de la universidad donde estudiaba. Era un año más grande que yo, con una seguridad que no había visto nunca antes. Definitivamente es muy guapa, con una piel hermosa y una gran estructura ósea, cautivante a morir. Con el paso de los meses, nuestra curiosidad por conocernos más a fondo creció conforme nos encontrábamos una y otra vez, bailando y, de manera eventual, acompañándonos al baño tomadas de las manos, así hasta que una noche en particular, pasamos una deliciosa jornada juntas.

Era 2017 y yo estaba muy intrigada. Incluso cuando tenía una relación feliz y formal con hombres, seguía coqueteando y saliendo con varias chicas, en parte para demostrarme que podía hacerlo y para eliminar el deseo que en algún momento se convertiría en mi preferencia. ¿Era infidelidad? Por supuesto que no. Era el tipo de “experimentación” que todas las mujeres deberíamos hacer. Al menos así lo veía.

Llevaba ocho meses con mi novio, Juan*. Nunca lo había engañado con otro hombre. De hecho era un acto que parecía tan egoísta y egocéntrico que ni siquiera podía pensar en eso, mucho menos tomar acción. Pero ¿engañarlo con una mujer? Eso era distinto. Después de todo, la idea de terminar mi relación con Juan para estar con una chica era totalmente inverosímil. Así que no sentí culpapor coquetear y besar a otras jóvenes cuando salía a bailar y, al terminar, regresar a los brazos de mi querido novio para ir al brunch familiar del día siguiente. Puedes pensar que es un comportamiento raro, pero créeme, no soy la única. Muchas de nosotras hicimos esto en la universidad. Y sé que ocurre lo mismo más allá de los campus universitarios. Incluso tú, querida lectora de Cosmo.

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