La vida en las alturas
La vida en las alturas
Para aquellas de nosotras que asociamos aviones con vacaciones, éstos nos parecen medios de transporte emocionantes, relajantes y, si eres una pasajera nerviosa, causantes de un poco de ansiedad. Pero cuando se trata de las personas para quienes volar es un trabajo, los colapsos nerviosos y los problemas de salud a largo plazo son una realidad que deben enfrentar. WH desenmascara los rostros sonrientes de una crisis de salud mental a 30,000 pies de altura.
Por Kate Leahy

Tras cerrar la puerta de mi habitación de hotel, dejo caer las maletas al piso y colapso en la cama con la chaqueta del uniforme aún abotonada, los zapatos de cabina puestos y mi gafete colgando del cuello. Mientras me quitaba la bufanda ajustada con velcro, de mi boca brotó un quejido y las lágrimas corrieron por mis mejillas hasta que mis ojos quedaron irritados e hinchados. Había logrado mantener una sonrisa en el rostro a lo largo de las últimas 16 horas mientras servía café y caminaba por la cabina, cuidando a los pasajeros que volaban a miles de pies sobre Asia Central, pero una vez que por fin llegué a la soledad de mi habitación de hotel en Singapur, caí en picada. Puse una barricada en la puerta del balcón, a 20 pisos de altura, con vista a la alberca, temiendo abrirla caminando sonámbula, si es que lograba quedarme dormida. Me sentía tan triste que temía lo que pudiera hacer de manera inconsciente. Con los huesos envueltos en una sensación de fatiga, me había estrellado con una pared. Seis meses después, trabajé en mi último vuelo y me llevó un año retomar mi vida.

Esta historia no resulta extraña entre quienes vuelan como profesión. Se han realizado múltiples estudios sobre salud mental y suicidio en pilotos, y un análisis llevado a cabo en 2018 identificó que los pilotos de aerolíneas comerciales tienen un riesgo similar o potencialmente mayor de padecer depresión que la población en general, aunque las investigaciones en torno a la presencia de problemas de salud mental en la tripulación de cabina aún son escasas. En la comunidad, se rumora una estadística que afirma que un miembro de tripulación de cabina se suicida cada mes. Las cifras más recientes reportadas por la Office for National Statistics del Reino Unido revelaron que sólo en Inglaterra y Gales, cuatro asistentes de vuelo se quitaron la vida en 2017, a esa desoladora estadística habría que sumar a las tripulaciones en el resto del mundo. De hecho, una encuesta realizada en Estados Unidos a más de 11,000 miembros de tripulación de American Airlines realizada por The National Institute for Occupational Safety and Health (NIOSH), en septiembre de 2012, descubrió que las tasas de suicidio en asistentes de vuelo eran 1.5 veces más altas que en la población general. En marzo de 2018, una encuesta aplicada a más de 5,000 asistentes de vuelo mujeres que participaron en el Harvard Flight Attendant Health Study reportó una creciente presencia de problemas de sueño y de salud mental, así como una relación entre antigüedad y ansiedad, depresión, desórdenes del sueño y abuso de alcohol.

Enferma y cansada

Considerando que es una carrera que se distingue por su glamour –desde los peinados recogidos y el maquillaje perfectamente cuidado hasta los destinos exóticos– la realidad dista mucho de ser así. Un factor de riesgo obvio es la privación de sueño –una muy fuerte. A lo largo de meses y años, la tripulación de cabina tiene patrones de sueño muy dispares, constantemente tiene que adaptarse a nuevas zonas horarias y debe trabajar largas horas sin convivencia social, y con poca oportunidad de establecer rituales de sueño e higiene o de pasar periodos prolongados de descanso en su propia cama. “Hay varios tipos de privación de sueño”, explica la Dra. Carina Eriksen, ex miembro de tripulación de cabina que ahora trabaja como psicóloga de aviación y asesora de las aerolíneas sobre la salud mental de los pilotos, las relaciones entre los miembros de la tripulación de cabina y la implementación de programas de apoyo entre compañeros. “Una es la afectación que sufre el ritmo circadiano, la cual provoca que tu reloj interno se confunda porque trabajas toda la noche. Es aguda cuando laboras varios días consecutivos (por ejemplo, tres) sin acumular horas de sueño. Luego está la acumulación de privación de sueño: se genera a lo largo del tiempo –los síntomas incluyen disminución de desempeño, impedimentos cognitivos, problemas de procesamiento emocional, niveles bajos de motivación y falta de energía –y se vuelven permanentes de forma gradual”. Incluso los miembros de tripulación de vuelos cortos pueden ser convocados para trabajar a las 4:00 am y regresan a casa a las 11:00 pm.

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Octubre 2019