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Papá buena onda – Paternidad a la 1:10 am
Papá buena onda – Paternidad a la 1:10 am
En las primeras y extenuantes horas de criar a un hijo que por un momento no estaba seguro de querer, el novelista TIM O´BRIEN recurrió a una simple canción.
Por Tim O'Brien

MIHIJO TIMMY tiene poco más de dos meses de edad, nueve semanas para ser exacto, y no para de llorar. Parece que odia el nuevo mundo en el que está y todo a su alrededor, incluyendo su cuna, su sonaja, su madre y a mí. Los doctores dicen que se trata de cólicos, pero el niño odia comer y odia no comer. Odia dormir y odia no dormir. Odia que lo carguen y odia que no lo carguen. Odia la luz y odia la oscuridad. Odia lo caliente, odia lo frío y odia todas la temperaturas intermedias. Está lleno de furia. Engendré a Jack el Destripador. En este momento, a estas horas de la madrugada del 28 de agosto de 2003, me estoy tomando un descanso mientras mi esposa Meredith está sentada en el cuarto de lavandería con nuestro pequeño demonio. Un pediatra nos sugirió poner al bebé en un cesto encima de la secadora de ropa para arrullarlo. El calor de la máquina y el zumbante ruido del motor hicieron su magia, pero sólo en mi cansada esposa, a quien se le veía en un estado de semiinconsciencia.

Meredith y yo somos padres primerizos, unos verdaderos novatos que además de ser incompetentes, nos estamos empezando a asustar. Yo de hecho estoy asustado en este preciso momento. En unos minutos apagaré mi computadora y regresaré a hacer mi deber de padre aunque realmente no estoy seguro de cuál sea. En este momento es la 1:10 am y Timmy ha estado llorando desde… bueno desde que nació. Nada lo detiene, no por mucho tiempo. Lo levantamos, lo arrullamos, caminamos con él por la casa, y por un pequeño momento (no siempre) se tranquiliza. Pero luego se aprieta, se inquieta, se retuerce y eventualmente se convulsiona en un estremecimiento profundo de cuerpo completo, como si la electricidad corriera por sus huesos, y luego su rostro se arruga de odio y suelta un chillido de Frankenstein que podría despertar a los nómadas en Libia. Tememos que la policía aparezca. Tememos que los vecinos tengan algo contra nosotros. Literalmente tememos que nuestro pequeño odie estar vivo.

Nuestros nervios están disparados. Estamos exhaustos. No tenemos familia cerca ni conocidos con experiencia, nadie que nos pueda aconsejar. Aún peor, los pediatras y enfermeras están hartos con nuestras llamadas telefónicas de pánico. Una y otra vez usan la palabra cólico como si fuéramos muy tontos como para no recordar que esa es la misma palabra que nos han dicho por semanas.

NOS CULPAMOS A NOSOTROS MISMOS desde luego. Esta mañana estaba sentado en mi escritorio escuchando al bebé con ganas de llorar, y de repente entré en pánico al pensar que le pude haber transmitido mi mal genio y furia repentina a mi propio hijo. Más horrible aún, me preocupé por pensar que mientras Timmy estaba en la matriz de mi mujer, de alguna manera absorbió el conocimiento de que yo no quería tener hijos. ¿Sabrá que Meredith y yo estuvimos cerca de terminar nuestra relación por eso? ¿Será que la citosina en el ADN de Timmy, o las proteínas en su tallo cerebral de alguna manera crearon un resentimiento lleno de furia ante el egoísmo de su padre? Meredith y yo nos sentimos responsables. Más que responsables, nos sentimos culpables. Somos mayores que muchos padres inexpertos y aunque ninguno de los dos lo dice, ambos pensamos en la posibilidad de que la combinación de nuestros cromosomas sea lo que produce la miseria de Timmy. (¿Jack el Destripador sería Jack el Destripador si sus padres no hubieran cruzado caminos genéticos?)

Por su parte, las preocupaciones de Meredith giran en torno a pensar que su diabetes tipo 1 pudo haber infectado la leche materna o envenenado el páncreas de Timmy o bien ser la causante de la incontrolable tristeza de nuestro hijo. Debido a esta condición, Meredith tuvo un parto inducido. “Quizá Timmy necesitaba más tiempo dentro”, pensó ayer. “Ser forzado a despertar, eso molestaría a cualquiera”. (A esto le llamo su teoría de eyaculación prematura.)

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Enero 2020