La trampa de la ansiedad

Men's Health en Español|Mayo 2020

La trampa de la ansiedad
Conforme hay más pacientes que buscan tratamiento para la ansiedad, hay más médicos prescribiendo pastillas. Pero, ¿qué sucede cuando una solución a corto plazo se convierte en un problema a largo plazo?
Por Peter Andrey Smith

MICHAEL TRAN siempre se consideró alguien tímido y un poco ansioso. Pero en 2012 empezó a tener ataques de pánico que lo debilitaban. En ese tiempo, Tran, de 19 años, era estudiante de segundo año en la Universidad de Maryland. Padecía visión de túnel. Su ritmo cardiaco se aceleraba al máximo. Perdió la habilidad de caminar, pararse o hacer casi cualquier cosa. Tran dejó de ir a clases y ese mismo año abandonó la universidad. Finalmente fue a ver a un médico. “Me pongo muy nervioso,” le dijo al doctor. “No puedo desempeñarme frente a la gente. No puedo… Siento una terrible ansiedad al conducir”.

La consulta duró cinco minutos, y Tran salió con una receta de alprazolam, un medicamento para la ansiedad que se conoce comúnmente por el nombre de la marca: Xanax. Después de tomar medio miligramo dos veces al día, Tran se sintió cómodo para salir. Hizo amigos como nunca antes e incluso hizo skydiving. “Es como una droga creada por Dios”, explica Tran.

Al igual que él, casi un tercio de los adultos será diagnosticado con desorden de ansiedad en algún momento de su vida, según el National Institute of Mental Health. Una encuesta realizada recientemente por la American Psychiatric Association reveló que 32 por ciento de las personas reportaron sentirse más ansiosas que un año antes. Y eso no es necesariamente algo malo. La ansiedad nos motiva a resolver problemas y hacernos cargo de las cosas y puede aumentar la productividad. Pero cuando la frecuencia, intensidad o duración de los síntomas interrumpen tu vida, se puede convertir en ansiedad patológica, persistente y temible. Los expertos en salud mental reconocen a la ansiedad –el término general que incluye ansiedad social y trastorno de estrés post traumático– como un desorden mental legítimo, que comparte algunos elementos con la depresión.

“La gente está más dispuesta a recibir un diagnóstico médico que describa su sufrimiento”, explica la doctora en medicina Anna Lembke, psiquiatra e investigadora en Stanford. “Hay un fenómeno moderno de personas que se sienten más ansiosas que antes”. El aumento en el número de diagnósticos puede relacionarse con un mayor aislamiento y estrés combinado con la presión de los medios sociales y una cultura acelerada. Además, el estigma en torno a la salud mental hace que más gente se sienta cómoda hablando sobre la ansiedad.

Muchos de nosotros queremos soluciones rápidas. Muchas start-ups en línea ofrecen medicamentos para la ansiedad social y de desempeño, entregan beta-bloqueadores a la puerta de tu casa. Los profesionales favorecen el uso de antidepresivos, en particular agentes de serotonina como los inhibidores de recaptación de serotonina (SSRI), como principal tratamiento. Pero las medicinas que más se prescriben son las benzodiacepinas, o benzos, que han existido desde la década de 1960 y que incluyen Xanax, Ativan y Valium. Las benzos funcionan. A corto plazo, su efecto en la reducción de ansiedad es innegable. Pero ahora que los boomers y millennials buscan soluciones farmacológicas, los médicos están prescribiendo benzos en más de un cuarto de todas las consultas médicas (27 de cada 100) – casi el triple del número que se recetaban a mediados de los 90. Se realizaron más de 48 millones de recetas en 2013, y el uso de benzos para tratar dolor crónico se duplicó entre 2003 y 2015.

31% de los adultos tendrán desorden de ansiedad a lo largo de su vida.

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