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Fuertes, en calma, y (un poco) locos
Un grupo de exoperadores de fuerzas especiales está intentando reparar la cultura del fitness dentro del ejército estadounidense con entrenamientos estratégicos y tácticas de control mental que se parecen más a lo que recomendaría un monje Zen que un sargento.
Por Michael Easter

Los primeros rayos del amanecer se deslizan suavemente por el desierto de Mojave, cubriendo árboles de Josué y una gran variedad de cactus. Mientras tanto, un grupo de hombres de las fuerzas especiales de Estados Unidos se sientan con las piernas cruzadas, observando el horizonte. Estos personajes tatuados y musculosos han llegado a este sitio desde distintos puntos en el país. Junto a ellos hay algunos bomberos y policías, así como unos cuantos civiles. Pechos suben y bajan conforme cada persona inhala y exhala el aire fresco y seco. Una voz rompe el silencio. “¿Listos?”, pregunta Alex Horton, comandante del comando de fuerzas especiales. Todos asienten.

Esperaba presenciar una recreación de la Operación Tormenta del Desierto, pero lo que vi me sorprendió mucho. “Cierren sus ojos para comenzar esta meditación”, dice Horton. “Quiero que se enfoquen en la sensación de su respiración. Cuando lleguen pensamientos a su mente, nótenlos sin emitir juicios”. Ocasionalmente, ella le recuerda al grupo que “sientan su respiración” o “noten y dejen ir”, hasta que después de 15 minutos, anuncia que se acabo el tiempo.

Estamos en un retiro de fin de semana organizado por SOFLETE, una compañía de contenido de fitness fundada por personal de fuerzas especiales que no se apega a la narrativa clásica sobre cómo los miembros del ejército, las fuerzas del orden y otros hombre y mujeres activos deberían entrenar, vivir y hacer sus trabajos. Rangers del ejército de EEUU, Boinas verdes, Marines, bomberos, policías y miembros de SWAT, junto con un contador, un electricista y otros: la mayoría de las 25 personas aquí ha salvado vidas, terminado con otras e indudablemente ha visto cosas intensas.

Este grupo de personas busca algo parecido a la iluminación: escapar de sus mentes, explorar el paisaje psicodélico del Joshua Tree National Park, y hablar con sinceridad sobre lo que significa servir en un cuerpo de élite en estos tiempos.

Cada uno de ellos llegó al desierto después de experimentar un colapso producto del estrés de sus trabajos, los intensos entrenamientos del ejército, con las lesiones que vienen después, y la idea de que aquellos cuyo trabajo es mantener seguros a los demás, o incluso los civiles que tienen interés en la milicia, deben ser parte de una casta estoica e invulnerable. En SOFLETE quieren reparar esa cultura. Pero también saben que ese sentimiento de agotamien to y presión va más allá de las fuerzas especiales. Es por eso que también buscan compartir su mensaje en los medios y con una app de fitness, para llevar lo más nuevo en entrenamiento para fuerzas especiales a las masas.

Doug Kiesewetter de SOFLETE sirvió durante 14 años en las fuerzas especiales, incluyendo un tiempo como asesor del ejército de Iraq en 2017 (izquierda).

PODRÍAS LLAMARLO el complejo fitness-militar, y ha alcanzado una enorme escala. Son los miles de libros, episodios de podcast, feeds de Instagram, seminarios y programas de fitness que prometen revelar lo que hace tan duros a los miembros de las fuerzas especiales, tanto en términos físicos como mentales. Este espacio está dominado por veteranos llenos de testosterona y marcas cuyo mensaje principal es que la respuesta para todos tus problemas es adoptar una mentalidad estilo militar, construyendo fortaleza mental, lo cual se traduce en términos generales a trabajar con más intensidad y durante más tiempo que la persona de al lado, y nunca rendirse o mostrar debilidad.

Está, por ejemplo, David Goggins, un SEAL de la marina retirado y ultracorredor que tiene más de 2 millones de seguidores en Instagram. Típicamente, en sus publicaciones Goggins aparece corriendo y gritándole a la cámara, explicando cómo el crecimiento requiere sufrimiento. Se queja de “la maldita suavidad”, como sentir dolor, no hacer ejercicio con suficiente intensidad o rendirse. En su libro, el cual se ha convertido en un best-seller, Can’t Hurt Me,

Goggins presume de haber destruido a otros SEALS con entrenamientos que eran “un castigo físico” y cómo “perdía todo el respeto” por los hombres que cuestionaban la eficacia de esas sesiones. Cree que muchas personas son “putos débiles”. O está Jocko Willink, un SEAL retirado que tiene unos 850,000 seguidores en IG, así como un popular podcast y libros, quien regularmente publica imágenes de su alarma a las 4:30am, así como fotos en blanco y negro de charcos de sudor, barras cargadas y kettlebells enormes, con frases como “el altar del dolor” y “tortura con (inserta tipo de pesa)”.

Por otro lado, está el grupo de exmiembros de las fuerzas especiales que organiza eventos que permiten al hombre común experimentar el infierno de “Hell Week”, una de las fases de reclutamiento de los SEALS. Un evento organizado por SEALFit, llamado Kokoro, por ejemplo, se promueve como “el mejor evento de entrenamiento para adquirir fortaleza mental”. Por alrededor de 2,500 dólares obtienes una tortura física y emocional de 50 horas que incluye todo, desde múltiples baños en hielo a levantamientos de troncos en equipo, caminatas con peso, el entrenamiento Murph de CrossFit, ejercicios de calistenia en las heladas aguas del Pacífico, ¡y más!

Si las secciones de comentarios de Instagram son un buen parámetro, entonces estos mensajes y eventos han tenido éxito llevando a muchos hombres del sillón al gimnasio, lo cual es, sin duda, algo bueno, dado el porcentaje de obesidad en el mundo occidental. Y han ayudado a hombres con trabajos tediosos de oficina a encontrar un propósito, haciéndoles sentir cosas que no suelen experimentar: frío, cansancio, hambre y dolor.

“Hay muchas compañías allá afuera que hacen cosas duras por el simple hecho de hacerlas duras”, dice George Briones de 31 años, un Marine y empleado de SOFLETE. “Eso no es lo que hacemos. Usualmente trabajamos en contra de esa mentalidad. La mayoría de los miembros del ejército van demasiado lejos e ignoran lesiones, lo cual sólo las empeora”.

Conforme más y más tropas y autoridades han adoptado estas tácticas y método de entrenamiento, un mayor porcentaje de ellos ha tenido que lidiar con problemas físicos y mentales. Eso puede ponerlos a ellos y a sus equipos en posiciones peligrosas, o simplemente arruinar su capacidad de llevar vidas civiles normales. El ejército de Estados Unidos ha declarado públicamente que “las lesiones son una epidemia militar moderna”, y un estudio financiado por el U.S. Army Research Laboratory descubrió que alrededor del 20% de los soldados de fuerzas especiales experimentan lesiones que requieren atención médica cada año. Por cada 100 soldados, hay 25 lesiones anuales. ¿La causa principal de esas lesiones? No son balas ni explosivos, sino el ejercicio. Hacer demasiado con mucha frecuencia. Entrenamientos en equipo que consisten en caminatas de 15 kilómetros con mochilas de 27 kilos, seguidas de más lagartijas, abdominales y más patadas con piernas elevadas de las que puedes contar, además de lo que haga cada soldado en el gimnasio, ya sea CrossFit, carreras de ultradistancia o fisiculturismo. De hecho, dicen los investigadores, 77% de esas lesiones podrían evitarse con programas de prevención.

Otro problema, de acuerdo con Briones, es que muchos de ellos son “ya sea fisiculturistas, ninjas del peso corporal o atletas de resistencia”. Son los especialistas de fitness en un trabajo que requiere velocidad, fuerza, resistencia y movilidad, es decir la capacidad de arrastrar a un colega caído de 100 kilos, correr para cubrirse, abrirse paso por las montañas hasta un punto específico o proteger una locación durante un tiempo indefinido.

Las ramas del ejército son conscientes de que la forma en que su personal entrena no es la idónea. Y están intentando resolverlo, con diferentes grados de éxito. El ejército dice que tiene la misión de cambiar su “cultura de fitness”, de manera que el entrenamiento rinda mejores frutos en el combate, se reduzca el riesgo de lesiones y los soldados sean más resistentes. El general Lonnie Hibbard, quien lidera el U.S. Army Center for Initial Military Training, lo llama “salud y fitness holísticos”. Lo describen como aptitud física, pero también mental y espiritual.

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Enero 2020