Comerciantes de almas
Comerciantes de almas
Noticias falsas, expertos desacreditados, políticos arruinados... ¿Es de extrañar que muchos hombres estén rechazando las verdades establecidas y busquen un plano más alto de consciencia? ¿O que esta espiritualidad se esté convirtiendo en un producto mercadeable? Will Self examina cómo los estados alterados se convirtieron en un negocio floreciente.

¿El cuerpo manda en la mente o es la mente la que manda en el cuerpo? No lo sé…”. En los tiempos en que Morrisey era ingeniosamente subversivo, en lugar de simplemente un duro reaccionario, consideré esta una de las letras más inteligentes que se habían escrito. Porque, seamos realistas, no lo sabemos. Algunas veces estamos convencidos de que cambiando la forma en que pensamos, cambiará cómo nos sentimos, mientras otras veces estamos absolutamente seguros de que es el físico el que lleva la delantera. Dar un paseo o tomar un Prozac: ambas cosas descansan en la suposición de que mens sana (una mente sana) depende de un corpore sano (un cuerpo sano), ya sea que esta salud sea una función de la forma física, o de la prevención de la reabsorción de dopamina.

En occidente, ha tendido a prevalecer la posición cartesiana, tanto así que a muchos les parece una cuestión de sentido común que la mente y el cuerpo estén separados, y que la idea etérea de conciencia no tiene una relación perceptible con las más sólidas –y normalmente molestas– realidades corpóreas. Esta dicotomía envuelve a nuestros servicios médicos, ya que la salud física y mental se consideran como diferentes esferas. Sin embargo, como señala un doctor Ayurvedico (tradicional de la India) a quien consulté una vez: “Sólo en occidente ‘psicosomático’ es un tipo de insulto”.

Es un insulto que a todos nos han dicho –y normalmente logra su objetivo, porque hay una cosa que nosotros los occidentales miramos como algo casi milagroso, que es nuestra validada medicina alopática. Cada año, los avances llegan más lejos, y esto significa nuevas drogas, nuevas técnicas de cirugía, o algo como una tecnología mágica de edición genética que se puede aplicar a los organismos vivos para eliminar defectos hereditarios y así curar posibles enfermedades.

Bajo estas circunstancias, discutir que una buena salud depende vitalmente de respirar con regularidad, o doblar y estirar las articulaciones en ciertas secuencias, parece no sólo perverso, sino una posible puerta de entrada a un mundo mucho más pernicioso, como los colgantes de cristal, los horóscopos o unirse a un círculo de tambores que alberga a unos tontos muy sencillos de convencer.

Sin embargo, lejos de caer en el olvido en favor de las ciencias avanzadas, estos métodos alternativos de salud y bienestar continúan floreciendo. Además, contrario a la visión que tenemos los hombres (un auténtico absurdo) de nosotros mismos como la mitad más racional de la especie humana, nos hemos convertido en los nuevos practicantes más entusiastas de esas viejas opciones. Un medio de entender esto podría ser el dictamen del escritor de ciencia ficción, Arthur C. Clarke: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia” y reconocer que en un mundo donde estas innovaciones se han vuelto tan comunes, la magia comienza a parecer creíble otra vez.

“En un mundo donde estas innovaciones se han vuelto tan comunes, la magia comienza a parecer creíble otra vez”.

Creyentes en los sueños

No soy inmune al atractivo del bienestar y el mindfulness. ¿Pero esto significa que voy a comenzar a creer en el monstruo del Lago Ness? Hace un par de años, fui a un retiro espiritual en una isla en la costa de Escocia, un poco al norte del monasterio budista de Samye Ling. Este viaje marcó un aumento importante en mi compromiso con estas prácticas. Desde entonces, ha habido un poco más de yoga y meditación en mi vida.

Soy un hombre cerca del final de la sexta década, alguien que, para ponerlo en términos eufemísticos que seguramente entenderás, ha vivido una vida completa. Las cosas están empezando a fallar. Me diagnosticaron una enfermedad en la sangre en 2011 y, mientras que los síntomas (y efectos secundarios de la medicación) no son tan grandes, han hecho sinergia con el proceso de la edad para hacer todo lo físico un poco más difícil. Renunciar al tabaco y a todos los demás sistemas de entrega de nicotina y convertirse en vegetariano son cosas que no sólo las personas mayores hacen. Pero parece haber una intensidad añadida para perseguir la vitalidad en el momento de la vida en que me encuentro, cuando puedes ver que los estragos de la edad te llevan como la marea.

Cuando estaba en la isla, el monje budista que condujo las sesiones nos reunió en la playa y nos pidió elegir una roca. Luego nos dijo que imagináramos que la piedra que habíamos escogido contenía dentro de ella, muy comprimidas, todas las condiciones que nos afligen, ya sean físicas o psicoló gicas. Una vez que nos sintiéramos seguros de que habíamos realizado este ejercicio mental, el monje nos dijo que lanzáramos la piedra de la desgracia tan lejos como pudiéramos en el mar.

Confieso que fue en este punto que mi propia perspectiva de mindfulness, hasta entonces fresca y optimista, se transformó en una mala actitud. “De ninguna manera”, me dije. ¡No voy a renunciar a todos mis resentimientos, traumas y dolores tan fácilmente! ¡Demonios!”. Muchas de mis desgracias me costaron mucho dinero.

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Marzo 2020