Diciembre, el mes por excelencia para los jabalíes
Caza Mayor|Diciembre 2018
Diciembre, el mes por excelencia para los jabalíes

Llegó diciembre y el celo de los cochinos que empezó en octubre, a la vez que la temporada de caza mayor, está próximo a terminar, al menos por estas tierras del sur peninsular. Se puede escuchar, en las frías noches de invierno, como en lo más profundo de las manchas, los cochinos establecen sus jerarquías, con peleas en los que las navajas y sus escudos dorsales serán fundamentales.

Estas peleas entre ma-chos que, al tener sus encames y zonas de campeo cercanas, se conocen bien, les lleva a un enfrentamiento directo que ninguno de los contendientes rehusará si las fuerzas están igualadas.

A veces, un macho joven paga su bisoñez ante un veterano y este macho dominante tiene muy claro donde atacar, testículos desprendidos, heridas en los costados y los ojos, son sus lugares preferidos y esa será la cicatriz que portará el macho que se equivocó en sus fuerzas.

Estos machos ya toman las solanas como lugares de descanso, zonas resguardadas del frío y a veces de la lluvia y si son con suelo muy pedregoso mejor, pero sin olvidar, las umbrías en zonas de monte de cabeza muy densos y altos, esperando que no les lleguen las heladas bajo este manto vegetal.

Los perros de las rehalas, a estas alturas de la temporada, están en plena forma, sin que les agobien los calores, ya que el frío y la lluvia más abundante hacen que les sea más fácil encontrar los rastros y, por tanto, mejoran las expectativas de que podamos abatir un buen macho.

Los grandes machos andan estos meses solitarios, si acaso, con la compañía de un escudero que les pueda librar de algún percance, a la busca de las hembras que aún anden en celo. El celo, que empezó por aquí a finales de octubre, alcanzan en noviembre y diciembre su apogeo y que, si la comida abunda, puede repetirse a principios de la primavera. Dos de estos lances cochineros en diciembre os relato a continuación.

¡CORRE QUE TE PILLO!

Aquel día de diciembre nos encontrábamos cerca del río Guadiamar, en una finca del término municipal del Garrobo en Sevilla, un día radiante y bastante frío nos acompañaba en aquel puesto, situado junto al carril que discurría en paralelo con el río. La mañana transcurrió tranquila, sin que viésemos ni una res, por ver no vimos ni perros, ya que estábamos en un cierre al otro lado de la mancha que se monteaba. El silencio, solamente roto por el murmullo de la corriente de agua del río y por un grupo de arrendajos, que no habían parado de graznar en toda la mañana, seguramente a causa de nuestra presencia, ponían en alerta a las reses que estuviesen por los alrededores.

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Diciembre 2018