Rosalia
Vogue Mexico|Agosto 2019
Rosalia

Una fuerza natural, a la que nadie se resiste, estremece con sus ECOS y hechizantes movimientos a la escena musical. La cantante española sabe de lo que está hecha y va a la CONQUISTA del mundo vestida a flor de piel con el poder de las siluetas que definen al otoño

Roberto Sierra Roman

“Vivo rápido y no tengo cura”, recita Rosalía en el tema ConAltura junto a J.Balvin y El Guincho. De esta canción que tomó por sorpresa las listas de popularidad en la primavera y se ha colado hasta el verano, podemos rescatar dos cosas: la primera, de cómo el poder latino ya es una fuerza musical imparable alrededor del mundo (solo falta recordar el espectáculo de Rosalía en Coachella junto a Balvin) y, en segundo lugar, que la carrera musical de Rosalía es el claro ejemplo de aquello que va a mil por hora. Los que no tenemos cura a este fenómeno que se originó en España, somos los que nos rendimos ante su sonido.

El Salón Los Ángeles de la colonia Guerrero en la Ciudad de México fue el lugar para conocer a Rosalía. Recién había hecho dos presentaciones en el Lollapalooza de Chile y Argentina con su gira El Mal Querer, y su siguiente objetivo era subir el Hemisferio. Yo la esperaba impaciente. Al entrar a ese recinto con décadas de historia en la vida nocturna de la ciudad y a escasas dos cuadras de Tlatelolco, le vi sorprendida: de un lado memorabilia con carteles de bailes legendarios y famosos asistentes, mientras querubines pintados a mano se asomaban desde techos con diferentes alturas. Después me enteraría que para ella fue casi una epifanía hacer estas fotos y entrevista para Vogue en un espacio bautizado igual que su primer álbum de estudio – Los Ángeles–, y que, aunque muy poco tiene que ver con el ritmo de Rosalía, este gran espacio podría ser como aquellos que vieron nacer su carrera musical a los 13 años.

Rosalía, ahora de 25, se dedica a cantar lo que siente, lo que nace desde su interior y que se expresa a través de, en gran parte, el flamenco. Su mirada es inocente y su físico pequeñito (con grandes plataformas y uñas larguísimas de acrílico), pero su carácter es plausible. Atenta, de ojos grandes y ofreciendo disculpas por tener que hacer la entrevista mientras termina rápido de comer, se concentra en la que ha sido una de las conversaciones más sinceras que he tenido con un artista. “Te diría que (México) se siente familiar, pero a la vez distinto”, responde a la pregunta de rigor que hace cada periodista en cualquier parte del mundo– “¿Cómo te sientes al estar aquí?”–. Me cuenta cómo le deslumbran los colores vibrantes que no hay en ninguna otra parte del planeta, la energía que emana de esta tierra milenaria y, claro, la bienvenida abrazadora del público latino. Así como la forma en la que los mexicanos reciben la música. “La gente (en México) tiene una mente muy abierta para recibir propuestas muy distintas. Yo creo que somos muchos los artistas a quienes nos dan cabida aquí, y que reciben nuestra música con mucho cariño. Eso me alegra, me inspira y apasiona”, dice.

Sin embargo, el furor por Rosalía de este lado del Atlántico no es casualidad, y tampoco su historia con la música. “Yo recuerdo desde muy pequeña estar por casa cantando y bailando, y sin ser muy consciente de cuándo empecé, simplemente lo hacía. Fue sobre los 10 años cuando decidí que quería dedicarme a la música y le pedí a mi madre que me apuntara a clases de canto, pero no pude ir hasta los 13. A partir de ahí empecé a tomármelo muy en serio”. Desde ese momento, ha invertido la mitad de su vida a estudiar música para alcanzar el éxito del que ahora podría presumir, pero prefiere acercarse con tranquilidad. “Entiendo que esto es un oficio y que hay que tener mucha humildad”, asegura.

articleRead

You can read up to 3 premium stories before you subscribe to Magzter GOLD

Log in, if you are already a subscriber

GoldLogo

Get unlimited access to thousands of curated premium stories, newspapers and 5,000+ magazines

READ THE ENTIRE ISSUE

Agosto 2019