Corazones oscuros

Harper's Bazaar en Español|Junio 2020

Corazones oscuros
Justine Picardie explora la fascinación en el mundo de la moda por las inspiraciones siniestras, desde Coco Chanel hasta Alexander McQueen.

Arriba a la izquierda y al centro: El desfile de primavera-verano 2020 de Simone Rocha en el Palacio Alexandra en Londres. Derecha: La ilusión óptica de Kate Moss como Pepper’s Ghost, en el desfile otoño-invierno 2006 de Alexander McQueen en París.

Cuando Simone Rocha presentó su colección en un teatro Victoriano del Palacio Alexandra en Londres, la piel se me enchinó al ver desfilar unas figuras fantasmagóricas que salían de las sombras. La belleza de sus outfits –delicados encajes blancos, holanes rosados y zapatillas de ballet– contrastaba con algo más oscuro, intrigante; en otras palabras, una sensación ominosa. Pero mientras uno podría asumir que este aire siniestro va en contra de la moda, al contrario, ha sido el motor de las obras de los más grandes diseñadores. Los motivos góticos –espejos, fantasmas, autómatas y muñecas– han sido parte fundamental en la imaginación de talentos desde Coco Chanel en adelante.

Hace poco más de un siglo, en 1919, Sigmund Freud escribió su brillante ensayo Lo ominoso, enlazando la emoción de lo incierto con lo familiar; una asociación que se toma de la palabra alemana, unheimlich, derivada de heim, que significa hogar. Así, lo sobrenatural podría estar demasiado cerca de casa; y ahí yace su misterio y terror. Existe una constante amenaza en las escenas de la novela Rebecca, de Daphne Du Maurier, cuando la narradora es atormentada por la presencia de su predecesora fallecida en Manderley. La ropa juega un papel importante aquí: hay un momento en el que la joven se pone el abrigo de Rebecca y descubre en el bolsillo un pañuelo que aún conserva el perfume que usaba la difunta, “como las azáleas blancas destruidas” esparcidas por los jardines. Luego está el perturbador episodio en el que la narradora entra en la recámara de Rebecca –intacta, como si estuviera esperando a que su dueña regrese de la tumba– y queda embelesada con un sedoso camisón sobre la cama. El encuentro termina con una pregunta de la extraña ama de llaves, la Sra. Danvers: “¿Crees que los muertos regresan para observar a los vivos?”.

No es coincidencia que Coco Chanel fuera admiradora de las novelas de Du Maurier, así como de las obras de Charlotte Brontë (cuya influencia también es evidente en Rebecca, con sus guiños hacia la primera esposa en Jane Eyre y los catastróficos incendios que destruyen las casonas en cada una de sus novelas). Asimismo, un cementerio es el pilar de la infancia de Chanel. “Cada niño tiene un lugar especial, en donde le gusta jugar, esconderse y soñar”, le dijo al escritor francés Paul Morand (quien plasmó sus memorias en el libro L’Allure de Chanel). “El mío fue el panteón de Auvergne... Yo era la reina de este jardín secreto. Amaba a sus habitantes subterráneos. ‘Los muertos permanecen vivos mientras los recordemos’, solía decirme a mí misma”. Chanel incluso llevaba a sus muñecas favoritas a este lugar –hechas por ella con trapo– para presentárselas a los muertos, mientras decoraba las tumbas con flores.

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Junio 2020