El Arte Es Eterno, La Vida Breve
El Arte Es Eterno, La Vida Breve
Un atentado terrorista, una pintura invaluable y un joven cuya vida fue salvada por el arte. Esto es El jilguero.
Sergio López Aguirre

En El jilguero –la novela de Donna Tartt, ganadora del Pulitzer de ficción en 2014–, una pintura vuelve literal aquel viejo dicho atri buido a Hipócrates: ars longa, vita brevis. El arte, en este sentido, no sólo tiene la capacidad de sobrevivir a su autor y a varias generaciones, sino que es capaz de comunicarse con un interlocutor que vive unos cuantos siglos después. Esto se hace evidente en la relación que guarda Theo Decker, el personaje protagonista del libro y de su adaptación cinematográfica, con la pintura que le da título a ambas narrativas. Luego de sobrevivir un ataque terrorista en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el jovencito de 13 años guarda en su mochila aquella pintura de Carel Fabritius (por razones que nunca quedan del todo claras, ni siquiera para él). A partir de ese momento, la invaluable obra de arte se convertirá en una carga enorme para un adolescente en duelo: un secreto que le acompañará el resto de su vida y que servirá también como recordatorio de su madre, fallecida ese mismo día en el museo.

“Me encanta ser actor y creo que a veces necesitas torturarte e ir a esos lugares oscuros de tu mente para poder dar lo mejor”. –Ansel Elgort

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Octubre 2019