Trozos de infinito
CHILANGO|Octubre 2019 - 191
Trozos de infinito
Ya sea en un recinto monumental, o modesto, la gente utiliza las bibliotecas, pasea por sus jardines con senderos que se bifurcan. Quizás muchos sólo van a navegar en internet, pero otros están absortos en los textos, sumergidos en mares de historias.
Por J.C. Guinto. Fotos Fabián García

Vine a la Vasconcelos porque me dijeron que acá me darían datos sobre su funcionamiento. Al entrar escucho a una mujer de acento argentino decir que es monumental. Cierto. Además es imponente. El laberinto es vertical; las ménsulas parecería que flotan; el acervo consta de 600 mil ejemplares. Un niño sentado en un sillón hojea un libro con ilustraciones de barcos. Desde las ventanas se puede ver gran parte de la ciudad. Abajo hay un jardín que invita a sentarse con un libro, o incluso sin él, a la sombra de sus árboles. Pienso en el significado de las bibliotecas en una urbe cada vez más violenta, en una sociedad que casi no lee (3.3 libros en promedio al año por persona según el INEGI, lo que pone a México en el lugar 107, de 108 países, del índice de lectura de la Unesco).

Tengo la fortuna de vivir muy cerca. En algunas ocasiones la biblioteca era una colmena llena de gente, pero hoy mi impresión es que está un poco vacía. Veo los jardines solos y un elevador que no funciona. Busco un libro en el catálogo de sus computadoras pero dos están apagadas. Al tomar un mouse, se le sale la bolita. Todos los teclados están en malas condiciones. Desearía tener todos sus libros, vivir rodeado de estantes llenos, para tener la libertad de visitar a placer las páginas de La historia de Genji o volar al planeta Marte de Ray Bradbury, donde el tiempo se parece “a la nieve que cae calladamente en una habitación negra”. Cada libro es una puerta que al cruzarla me ha llenado de asombro, conmovido o perturbado. Provocan innumerables emociones, entre ellas lo bello y lo triste, lo grotesco y lo agradable.

De acuerdo con información de la Red Nacional de Bibliotecas, en la Ciudad de México existen 398 bibliotecas públicas (ese número no incluye las universitarias ni las pertenecientes a instituciones privadas). Tan sólo en el Centro Histórico hay más de 67.

“Estas bibliotecas son notables por las actividades culturales o educativas que realizan, otras por ser promotoras del desarrollo social, la identidad y el arraigo —explica Marisela Castro Moreno, presidenta de la Asociación Mexicana de Bibliotecarios—, pero lo que logran hacer se lleva a cabo generalmente con colecciones obsoletas y en mal estado, espacios abandonados, personal que carece de formación bibliotecaria y poco interés de las autoridades. Y sin embargo se mueven… ¡Es como un milagro”.

La Vasconcelos fascina por su espacio de acero y concreto, por la luz que entra a través de las ventanas, por el vértigo de caminar entre sus libreros suspendidos, por la variedad de sus catálogos: mangas, cómics, libros recientes llenos de sueños, relatos y conocimientos, alimento para la imaginación; sus libros son mundos y la biblioteca es el universo.

Lucien X. Plastron, escritor francés especialista en la historia de las bibliotecas, dice que la palabra biblioteca viene del griego biblion, “rollo de papiro”, que a su vez proviene de büblos, “corazón del tallo de papiro”. La palabra nace y toma su nombre en Alejandría. En la Ciudad de México hay de todo tipo y tamaño. Ahora con la nueva administración (que entró en funciones en diciembre de 2018), el panorama de las bibliotecas públicas en la ciudad es convulso. Daniel Goldin Halfon presentó su renuncia como director de la Vasconcelos, probablemente la biblioteca más importante del país, tras una serie de presiones (le ordenaron desocupar la dirección y trabajar en un escritorio en el sótano), y su sucesor, Abraham Nuncio Limón, salió por motivos personales a los tres meses de haber sido nombrado, en medio de cierres de los trabajadores con demandas de certeza laboral y mejoramiento de mobiliario e infraestructura. El nuevo director es José Mariano Leyva Pérez Gay, quien también se encargará de la Biblioteca de México.

LO QUE LOGRAN HACER GENERALMENTE SE LLEVA A CABO CON COLECCIONES OBSOLETAS Y EN MAL ESTADO. ¡ES COMO UN MILAGRO!

MARISELA CASTRO, PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN MEXICANA DE BIBLIOTECARIOS

Goldin Halfon dirigió la Vasconcelos de marzo de 2013 a enero de 2019. Logró generar espacios para la lectura y ayudó a que esta biblioteca fuera considerada una de las zonas culturales más importantes del país. Al preguntarle sobre la situación actual, me responde con claridad extraordinaria, no exenta de desencanto: “Lo que sucede hoy con las bibliotecases perfectamente coherente con lo que ha sido la historia de las bibliotecas públicas en México. Con recurrencias pasmosas, gobiernos de cualquier signo insisten en volver a empezar desde el mismo punto en el que empezó Vasconcelos hace casi 100 años: dotación de libros sabios pensados por doctos para supuestos ignorantes, apertura de espacios y olvido. El resultado es más o menos claro y congruente con una ley profunda de las relaciones humanas: la reciprocidad. Las bibliotecas no le importan a nadie porque las personas concretas, no las abstracciones, no les importan a las bibliotecas. Así de simple. Por eso no tienen valor alguno en la cotidianidad de la gente. Y sólo son cifras alegres en informes burocráticos. Así ha sido en toda su historia salvo muy contadas excepciones”.

LABERINTOS AL INTERIORDE OTROS LABERINTOS

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