Sexo para todos
CHILANGO|Agosto 2018 - 177
Sexo para todos

¿Cómo se fabrican juguetes sexuales caseros?, ¿qué es el porno para mujeres?, ¿por qué creemos que los ancianos pierden el deseo sexual?, ¿cómo se vive en una relación poliamorosa feminista? Estas y otras preguntas son resueltas por quienes han decidido experimentar o investigar la sexualidad de una manera diferente.

Por Dulce Ahumada, Diana Delgado y Mariana Limón. Ilustraciones Valeria Álvarez

EL PLACER DEL DOLOR

La piel arde. Una gota de sangre se asoma y escurre sobre la espalda de la sumisa. Una, dos, tres, cuatro… ocho agujas entran en pequeños bultos  de piel desde los hombros hasta la cadera. El dolor le provoca escalofríos. La masoquista de antifaz negro y torso desnudo se arquea lentamente,  sacude el cuerpo para liberar la tensión.

Su dominante pasa una gasa con antiséptico. Lo hace con dedicación, como venerando ese cuerpo antes ajeno. Ensarta un listón en cada aguja, de  arriba para abajo. Le susurra algo al oído y la sumisa cierra los ojos: se convierte en un instrumento musical, en un chelo.

La sumisa se recarga en el regazo de su dominante, la de tacones altos, corsé de cuero y una mirada delineada en negro que se clava en cualquiera que la mire. Retira las agujas y con una ligera sonrisa le habla al oído. La sumisa asiente con la cabeza. Cierran con un beso.

El dolor y el placer se parecen, se complementan. Según el departamento de investigación sobre el dolor del Hospital General de Massachusetts, las  dos sensaciones que se presentan como opuestas en realidad son una línea continua, pues los  estímulos que provocan  dolor también activan las  estructuras cerebrales generadoras de placer.

Se trata de ir y venir. De un golpe seco en la piel que fue enrojecida con roces y golpeteos ligeros. De alertar al sistema nervioso que identifica una  sensación displicente, pero como no detecta señales de miedo se adormece, y el cerebro libera los neurotransmisores  encargados del bienestar:  dopamina, oxitocina y serotonina, para contrarrestar.

Entonces, gradualmente, el golpe seco de un fuete o el arañazo de un látigo se convierten en un dolor que nubla los ojos. Se combinan los colores, aromas, sabores y caricias. Llegan los escalofríos, el sudor y la pérdida de fuerza en el cuerpo. Para quienes experimentan el BDSM (Bondage, Dominación y Disciplina, Sadismo y Sumisión, y Masoquismo), el dolor se vuelve orgasmo. Las cuatro letras tienen que ver con un  intercambio de poder consensuado, que puede incluir o no estímulos dolorosos, en las que el coito tampoco es obligatorio», explica Gabriela Merlos,  practicante desde hace 13 años.

Existen tres roles identificados en el BDSM: el dominante es el que toma el control; el sumiso lo asume; y el switch, que puede estar en ambos roles. Una sesión o juego –como se le llama a entrar en los roles– tiene una dinámica basada en acuerdos, de eso también depende el placer.

Antes de comenzar se hace una playlist o lista de acuerdos sobre lo que dominante y sumiso están dispuestos a realizar, si hay un dress code o si se realizará en un momento definido o será todo el tiempo. Se trata de poner las cartas y negociar», dice Gabriela, quien se asume como switch y toma  el nombre de Krystal de Sade.

De profesión diseñadora, Gabriela es educadora sexual, da cursos de empoderamiento femenino e iniciación al BDSM en Calabozo Mx,  pues se dio  cuenta que atrás de muchos hombres que se asumen como amos o dominantes hay abusadores. Las prácticas deben ser sensatas, seguras y  consensuadas», dice.

"Plash" y "puk" son sonidos conocidos por los "spankers". El primero se logra asestando un manotazo en la parte más carnosa del glúteo, el sonido es  fuerte y el dolor ligero. El segundo busca aumentar el ardor y ahogar el golpe, basta con juntar los dedos y curvear la mano, dejar un hueco en la palma  y azotarlo en la nalga.

Látigos, fustas, floguer. Cuerdas de algodón, yute o cáñamo, velas o juegos de electricidad a bajo voltaje. Cadenas, collares, máscaras y botas de cuero. Plumas y juegos de peluche para evitar el dolor. Kits con disfraces de animales –petplay–, pinzas y estuches de revisión ginecológica. Fuego.  Herramientas para el BDSM que se usan poco a poco hasta que la piel se calienta y el placer aumenta.

Nudo tras nudo, el cuerpo de la sumisa pierde movilidad y queda suspendido en el aire. El dominante, Marqués Alexander, toma espuma y le prende  fuego, un segundo después azota la mano en el cuerpo de Fernanda y un quejido profundo silencia la sala. Lo repite cuatro veces y luego acerca un  cáliz con lumbre a lo largo de su cuerpo.

El dominante se acerca y la mira. Tiene los ojos cerrados y el rostro enrojecido. Marqués Alexander le susurra nuevamente al oído y comienza a bajarla.  Desata los nudos, desliza la polea, la sostiene entre los brazos y, una vez en el piso, la besa.

COGER EN LA VEJEZ

Nadie quiere imaginar a los padres teniendo sexo, pero ¿y los abuelos? La vejez es un concepto lleno de mitos, dicen especialistas, uno de los más  comunes es creer que al entrar en años el deseo sexual desaparece.

Ya no estás en edad», eso ya no está bien, ya ni se te para, son algunas expresiones que reciben los adultos mayores cuando muestran interés en el tema.

En muchos casos, los hijos prohíben o critican a los papás al sentir atracción, explica Ivonne Jiménez, instructora del Departamento de Enseñanza,  Investigación e Información del Instituto Nacional de Personas Adultas Mayores (Inapam).

Las ideas sociales sobre que la sexualidad sólo se ejerce en la juventud, el rechazo de la gente cercana y la aceptación de todo el contexto  por parte  del adulto mayor son los principales factores –dice– que impiden que los mayores de 60 años vivan el erotismo y la sexualidad con plenitud.

Mientras en España el 60% de la población de la tercera edad acepta llevar una vida sexual activa y en Estados Unidos el 40%, en México ni siquiera  existen cifras o encuestas que lo analicen. En la CDMX viven 1 millón 136 mil 258 adultos mayores, 11.3% de la cifra nacional, y tampoco se aplican  encuestas sobre su vida sexual, a diferencia de los jóvenes, en las que se conocen muchos detalles.

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