Margaret Atwood – La mujer como propiedad
QUE LEER|Septiembre 2019
Margaret Atwood – La mujer como propiedad

Es como si el 1984 de George Orwell y su control al ciudadano, la sociedad que Ray Bradbury predijo en Farenheit 451—donde es delito leer libros— la reivindicación femenina de Virginia Woolf, manifestando la necesidad de tener un cuarto propio, y la experiencia de otra canadiense como Alice Munro, que en 1961 aparecía en la portada de una revista en la que se destacaba su doble faceta de ama de casa y… escritora, estuvieran concentrados en la producción literaria de Margaret Atwood. Su novela de carácter distópico, El cuento de la criada (1985), ya tiene secuela, llamada Los testamentos, que se publica en castellano el 12 de septiembre, dos días después de su lanzamiento internacional en lengua inglesa.

Por Toni Montesinos

Sensible desde siempre a la literatura que brinda una mirada diferente, de que la ficción más mágica encierre una lección próxima y actualizada –«Ese autoproclamado mago de Oz tiene una larga genealogía, podría ser desde un chamán hasta el Próspero de Shakespeare y siempre encuentra su par en cada época», afirmó comentando la obra infantil de L. F. Baum que se hizo tan famosa al adaptarse al cine–, Atwood concibió esta ficción mostrando una sociedad no tan diferente a la que, décadas atrás, o aún en ciertos países, trata a las mujeres como objetos o esclavas.

En ella se narra la historia de tres mujeres y cómo se encuentra el país que ideó, Gilead, gracias a las reacciones durante estos lustros frente a una obra adaptada y premiada de continuo. «Queridos lectores y lectoras: vuestras preguntas sobre Gilead y su funcionamiento interno han sido la fuente de inspiración de este libro. ¡Bueno, casi todo! La otra es el mundo en el que vivimos»,escribió esta escritora natural de Otawa, de setenta y nueve años, miembro de Amnistía Internacional y una de las personas que presiden BirdLife International, organización en defensa de las aves.

En las páginas finales, en El cuento de la criada (Salamandra, 2017), se insinuaba un futuro abierto en que no estaba claro el destino de la protagonista, Offred (es decir, «de Fred», la mujer es una simple propiedad de un hombre): la libertad, la prisión o la muerte. Con Los testamentos, Atwood traza ese camino de baldosas amarillas, vuelve a colocar un Gran Hermano en una sociedad ultramasculinizada e incide, quince años después de ocurridos los hechos en la primera novela, en la falta de derechos humanos fundamentales para las mujeres –en un argumento en que se promueve el miedo y la sospecha entre ellas–, con un ambiente de población jerarquizada en que un libro es un peligro, una opinión libre, una amenaza global. Una trama tan lejana y ajena como cercana y posible.

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