Los pumas de Patagonia
National Geographic en Español|Diciembre 2018
Los pumas de Patagonia

Proteger estos felinos de Chile ha tenido graves consecuencias para los ganaderos. ¿El turismo es la solución?

Por Elizabeth Royte. Fotografías de Ingo Arndt

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Matorrales de hierba negra y fragmentos de roca no molestan a la puma conocida como Sarmiento, al centro, ni a sus cachorros de 11 meses, acurrucados al final de un día de invierno junto al lago Sarmiento, cerca del Parque Nacional Torres del Paine, en Chile. La matriarca, que ya ha criado varias generaciones de cachorros, dedica buena parte de su día a cazar –y dormir– cerca de esta ribera.

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Ajena a los vientos feroces que sacuden el lago, Sarmiento parece disfrutar –e incluso iniciar– el forcejeo con sus cachorros sobre formaciones de roca caliza blanca, conocidas como estromatolitos. La roca retiene el calor del sol; las numerosas cuevas en la ribera y los anillos en forma de donas brindan un refugio perfecto para los felinos, aunque los pumas chilenos no tienen más depredadores que los humanos.

Oculta entre matorrales, en una pendiente azotada por el viento a las afueras del Parque Nacional Torres del Paine, en Chile, vi tres cachorros leonados correr y tropezar a las orillas de un lago de tonalidad aguamarina; ponían a prueba su fuerza, sus dientes y su posición social.

De vez en cuando, su madre, conocida como Sarmiento, se detenía para evaluar la situación: sus ojos verdes, que parecían delineados de negro, se veían serenos. Cuando el cuarteto llegó a una península cubierta de estromatolitos, me dio la impresión de que se activó en ellos un cronómetro interno: la madre y los cachorros se acurrucaron en el interior de una de las rocas para lo que los felinos saben hacer mejor: dormir la siesta.

La distribución del Puma concolor se extiende desde el sur de Alaska hasta el sur de Chile y es el mamífero terrestre con la distribución más grande en el hemisferio occidental. Los científicos sospechan que en Torres del Paine se concentran más pumas que en cualquier otro lugar. Esto se debe, en gran parte, a que dentro del parque los pumas tienen muchas presas (guanacos, liebres), están protegidos y no hay la competencia de otros depredadores mamíferos, como los lobos.

Cualquiera que se decida a ver este depredador alfa en su entorno, debe visitar Torres del Paine: más de 200 000 hectáreas de cimas de granito, pastizales, bosques subárticos y lagos azotados por el viento. El paisaje es abierto y muchos de los pumas se han habituado a los humanos, pues el turismo ha aumentado.

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Diciembre 2018