Trabajo en la RETAGUARDIA
Trabajo en la RETAGUARDIA
Más allá de la presencia femenina en los frentes, la retaguardia estuvo nutrida de mujeres que desempeñaron perfiles muy diversos –y vitales– en todos los órdenes para que el país siguiera funcionando. Mujeres valientes que ocuparon conbrillantez puestos destacados, no solo por el avance en igualdad conquistado durante la II República, sino también por la oportunidad que supusieron las vacantes masculinas que dejó la contienda.
HENAR L. SENOVILLA

Si importante es la primera línea de batalla en un conflicto, no lo es menos la retaguardia, ese segundo nivel que se ocupa de restañar las heridas físicas y emocionales de los frentes y que trata de mantener la vida y la actividad de los países y sociedades arrasados por las guerras. Por la tradicional masculinización de los ejércitos, una parte vital del peso de esas retaguardias, de la responsabilidad de hacer que la vida continúe, ha recaído sobre las mujeres. Y si ha habido un conflicto contemporáneo en el que la intervención femenina ha destacado tanto en las trincheras como en la segunda línea, ese ha sido la Guerra Civil española. Decenas de mujeres españolas y extranjeras mantuvieron el día a día de los tres años de lucha y contribuyeron a construir el discurso de la igualdad y a mostrar una manera competente, y distinta, de hacer las cosas en campos tan diversos como los medios de comunicación, los partidos políticos y sindicatos, el propio ejército, los trasnportes o el ámbito sanitario. Si bien en el lado franquista estos ejemplos femeninos son más escasos, por el repliegue al ámbito doméstico impuesto por la ideología de los sublevados, en los territorios leales a la República las mujeres brillaron en su particular batalla por demostrar su capacidad y competencia, uno más de los derechos y libertades en juego en el conflicto.

MUJERES EN LA PRENSA...

El alzamiento provocó, por ejemplo, la huida del director de La Vanguardia al exilio, lo que devino en el nombramiento de la primera directora de un periódico en España: la periodista gallega María Luz Morales.

Morales, licenciada en Filosofía y Letras, había dado sus primeros pasos en el periodismo en la revista El hogar y la moda, que dirigió desde 1921. Sus ensayos le permitirían unirse a La Vanguardia en 1923. Morales se centró en el área de cultura y se dedicó con especial ahínco a algo bastante desconocido en la España de los años veinte: el cine. Con seudónimo masculino, por supuesto (Felipe Centeno), su sección semanal Vida cinematográfica llamó la atención de la productora estadounidense Paramount Pictures, que la contrató como asesora literaria y encargada de adaptar los diálogos de las películas al castellano.

El 8 de agosto de 1936, en plena revuelta, fue nombrada directora de La Vanguardia, en ese momento en manos de un comité obrero de CNT-UGT. La única mujer de la redacción pasaría a directora, cargo en el que estuvo más de seis meses y que le costaría la represión.

También periodista destacada fue Consuelo Álvarez Pool, conocida con el seudónimo de Violeta. Masona, escritora, política, sindicalista, sufragista, conferenciante y feminista, compaginó la profesión de telegrafista –perteneció a la primera promoción de mujeres con esta profesión en España– con la de cronista, denunciando en sus escritos la labor de la Iglesia en contra de la emancipación de las mujeres. Las represalias no se hicieron esperar, aunque Violeta siguió apoyando a la República y participando en conferencias. Con 67 años ingresó en la Asociación de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo y a los 77, tras la guerra, fue condenada a 12 años de prisión.

Rosario del Olmo es otro de los nombres propios de mujeres en los medios de comunicación durante el conflicto. Escribió en El Mono Azul y en Mundo Obrero, firmando desde elogios al pueblo trabajador hasta loas a la Unión Soviética y a la juventud combatiente.

En el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura –que se celebró del 4 al 18 de julio de 1937–, fue nombrada delegada española junto a María Teresa León, María Zambrano y Margarita Nelken. Sus escritos Mujeres en la lucha, desde la línea de fuego a la retaguardia activa retratan a mujeres presentes tanto en los hospitales como en los frentes de batalla, víctimas de los estragos de la contienda. Durante la Guerra Civil, fue jefa de Censura Extranjera de la Oficina de Información y Prensa del Ministerio de Estado, respaldando el trabajo de corresponsales extranjeros que narraban el conflicto.

Las hermanas madrileñas Margarita y Carmen Eva Nelken permanecieron también en España y escribiendo durante la guerra. Margarita, que alcanzó notoriedad como política, colaboró con medios españoles como el diario Claridad mostrando su preocupación por los grupos sociales menos favorecidos. Fue la única diputada presente en la última reunión de las Cortes republicanas en territorio español, celebrada en las caballerizas del Castillo de Figueras el 1 de febrero de 1939. Por su parte, Carmen Eva adoptó el seudónimo Magda Donato y ejerció la profesión en los principales diarios del país, desde El Imparcial, La Tribuna o Informaciones al Heraldo de Madrid, Estampa o Ahora. Sensibilizada también por la pobreza, quiso visibilizar la trascendencia de las mujeres en la vida de la sociedad.

Finalmente, el conflicto traería a una de las primeras corresponsales de guerra españolas: la vasca Cecilia García de Guilarte. Periodista, novelista, dramaturga, ensayista y profesora universitaria, tras el estallido de la guerra cubrió el frente norte del País Vasco (Guipúzcoa, Vizcaya), Santander y Asturias, entre 1936 y 1937, para el diario CNT Norte.

articleRead

You can read upto 3 premium stories before you subscribe to Magzter GOLD

Log-in, if you are already a subscriber

GoldLogo

Get unlimited access to thousands of curated premium stories and 5,000+ magazines

READ THE ENTIRE ISSUE

Marzo 2020