TAMBIÉN ES MI LUCHA

Muy Historia|Marzo 2020

TAMBIÉN ES MI LUCHA
Enfermeras, matronas, conductoras, periodistas, traductoras, espías... Unas 700 mujeres voluntarias llegaron a España desde más de 50 países distintos, cargadas de idealismo y con la firme creencia de que podían ser útiles en una guerra ajena.
VIOLETA CHÉ

Según Renée Lugschitz, autora de Luchadoras en España. Mujeres extranjeras en la Guerra Civil española, se calcula que entre los cerca de 35.000 voluntarios foráneos que acudieron a prestar servicio en la contienda, de más de 50 países distintos, unas 700 eran mujeres. Si bien inicialmente se pudieron documentar solo cerca de 400 –lo que se explica, entre otros motivos, por el papel de subordinación al hombre que se les atribuía y, por tanto, a su falta de protagonismo–, cada día son más y más las que salen a la luz.

UNA VIDA ENTERA DE SACRIFICIO

Su papel continuó después de la guerra, pero en la sombra, lo que no facilitó la investigación para conocerlas más a fondo. Como cuenta Mercedes Yusta en Con armas frente a Franco: mujeres guerrille ras en la España de posguerra, estas eran apenas 100 de entre 6.000 efectivos, pero muchas más extranjeras extendieron su lucha al contexto de la II Guerra Mundial tras salir de España. Así, Ingrid Strobl, en Partisanas. La mujer en la resistencia armada contra el fascismo y la ocupación alemana (1936-1945), da cuenta de las numerosas mujeres que empuñaron el revólver en la lucha antinazi liderada por Tito en Yugoslavia, por ejemplo, y retrata asimismo a otras que saltaron de conflicto en conflicto.

La firme creencia de que uno puede ser útil en una guerra ajena solo puede estar sustentada en el idealismo o, por el contrario, en intereses personales, entre los que destaca el trabajo mercenario supeditado a la contraprestación económica. Pero la exaltación de la ideología como motor suele haber calado en la memoria colectiva de mano de una figura masculina. Por ejemplo, son famosas las declaraciones del escritor George Orwell, quecombatió en la guerra de España –así se la llamó fuera– encuadrado en el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista): “Me voy a España a matar fascistas porque alguien tiene que hacerlo”. Pero de ellas ¿quién se acuerda?

SANITARIAS EN EL FRENTE

Quizá el papel más conocido de las mujeres en general en la Guerra Civil sea el de las labores de auxilio sanitario, ya que solían compaginar esta tarea con otras aunque no fuera su especialidad. Particularmente destaca el de las enfermeras, aunque muchas extranjeras fueron conductoras de ambulancia, farmacéuticas, técnicas de laboratorio, radiólogas, matronas o asistentas sociales en los conocidos como Cuerpos de Sanidad. Sobresalen varias, de distintas nacionalidades, algunas extrañas para el gran público. Su papel como profesionales independientes fue clave en la relación con la muerte y la vida e hizo que en la posguerra sufrieran una de las mayores persecuciones políticas por parte del franquismo. Especialmente represaliadas fueron las matronas, lo que suele desconocerse. Dolores RuizBerdún, experta en el trabajo de estas en la época, relata con detalle a qué tipo de castigos y sanciones se vieron sometidas tras la guerra: obligación de delatar, inhabilitación, condenas de hasta 30 años de prisión... La más destacada de las comadronas foráneas fue sin duda Edith Mary Pye. Esta londinense, nacida en 1876, fue directora del Royal College of Midwives de Reino Unido, sirvió en la I Guerra Mundial (se la condecoró con la Legión de Honor), más tarde en España y después en la II Guerra Mundial. Tuvo un papel muy activo tanto en la Comisión Internacional para la Asistencia de Niños Refugiados como en la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad.

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