No a la guerra UN CL AMOR MUNDIAL

Muy Historia|Abril 2020

No a la guerra UN CL AMOR MUNDIAL
Las protestas pacíficas contra la intervención estadounidense en Vietnam se convirtieron en un movimiento cada vez más amplio y heterogéneo, que hizo saltar por los aires el orden moral establecido tras la Segunda Guerra Mundial y derivó en una rebelión contra los valores tradicionales.
LAURA MANZANERA

PROTESTA INCESANTE. Los manifestantes marchan por Independence Avenue, cerca del Capitolio (Washington DC), durante una protesta contra la Guerra de Vietnam que tuvo lugar el día antes –19 de enero de 1969– de la toma de posesión de Nixon./

En los años cincuenta, el macartismo había perseguido a todo estadounidense con ideas progresistas y, mientras a las familias blancas de clase media no les faltaban los bienes de consumo, la pobreza se cebaba con los afroamericanos y los prejuicios raciales estaban a la orden del día. Dado el contexto, resulta lógico que en la década siguiente eclosionaran una serie de movimientos sociales contestatarios contra el sistema, que incluyeron la defensa de los derechos civiles y las protestas contra la Guerra de Vietnam.

El mismo año que marcó el inicio oficial de la contienda, 1964, tras el incidente de Tonkín [ver artículo anterior], se oyeron las primeras voces en contra, aunque hasta finales de ese año las protestas fueron escasas y procedieron de organizaciones de izquierdas minoritarias que no atrajeron apenas atención mediática ni contaron con apoyo popular. De hecho, el principal cuestionamiento sobre la idoneidad de la política norteamericana en el sudeste asiático, en aquel punto, surgió en periódicos como The Washington Post o The New York Times.

LA GUERRA EN LA PRENSA. En la portada de The New York Times del 2 de febrero de 1968, la candidatura de Nixon a la presidencia comparte protagonismo con, al menos, seis noticias de la Guerra de Vietnam.

Ali vs. Foreman: el mejor combate de la historia tuvo lugar el 30 de octubre de 1974 en Kinshasa (Zaire).

MOHAMMAD ALI CONTRA LA GUERRA

Soy el rey del mundo!”, gritaba en 1964 un boxeador negro de 22 años tras ganar el título mundial de los pesos pesados. Era Cassius Marcellus Clay, que poco después se convirtió al islam y se cambió de nombre: Muhammad Ali.

Aparte de por sus triunfos en el ring, Ali se convirtió en un mito gracias a su compromiso con dos causas: los derechos de los afroamericanos y la no intervención en la Guerra de Vietnam. Dada su popularidad, fue invitado a realizar combates de exhibición para levantar el ánimo a las tropas, pero se opuso sin importarle arriesgar su carrera. “Con los impuestos que pago por cada pelea, un soldado norteamerica no vive un mes matando gente en Vietnam. Con lo que pago en un año, es posible construir bombas para quemar una aldea. Con todo esto, ya soy culpable. ¿Tengo además que matar con mi propia mano?”, protestó. Y objetó que sus creencias religiosas le impedían luchar. Declarado culpable de no servir a su país por razones políticas, fue condenado a cinco años de cárcel que pudo eludir, aunque le retiraron el título y la licencia de boxeador. Hubo de esperar hasta 1971 para que la Corte Suprema considerase válida su objeción por motivos religiosos. Había perdido tres años y ansiaba reconquistar el título mundial. Lo lograría en 1974, contra George Foreman.

SE EXTIENDE LA PROTESTA

Para 1965, las cosas eran ya muy distintas. El primer bombardeo estadounidense sobre Vietnam del Norte, el 7 de febrero, marcó un punto de inflexión. El 16 de marzo, una octogenaria judía se quemó a lo bonzo en Detroit, convirtiéndose así en la primera de ocho activistas inmolados en EE UU en protesta por la guerra. El más famoso, Norman Morrison, se quemaría frente al Pentágono el 2 de noviembre de ese mismo año.

En un principio, las manifestaciones antibélicas se limitaban a tímidas marchas en las principales ciudades. La primera de gran calibre a nivel nacional fue la de Washington –frente la Casa Blanca y el Capitolio– del 17 de abril del 65, organizada por estudiantes. Pronto California se convirtió en el gran centro contestatario del país. El 16 de octubre, cuando la revolución pacifista empezaba a asentar sus bases, casi 5.000 personas marcharon desde la Universidad de Berkeley hasta Oakland. Se quería evidenciar la lucha pacífica contra el reclutamiento obligatorio y, aunque era una marcha autorizada, no podían acercarse a la terminal del ejército donde embarcaban tropas con destino Vietnam.

La irrupción de cientos de policías abortó la protesta y la marcha se disolvió. El poeta Allen Ginsberg, que iba a la cabeza, diseñó lo que sería la gran revolución del flower power, que repartiría flores y caramelos entre los policías. Estas ‘armas estratégicas’ estuvieron presentes en la siguiente gran marcha por la paz, que protagonizaron 8.000 personas en San Francisco el 20 de noviembre. El movimiento hippie formó parte de la resistencia. Grupos de jóvenes radicalmente opuestos a los sectores más conservadores se mostraron en contra del conflicto y ayudaron a concienciar sobre la barbarie que suponía. Bajo la consigna “Haz el amor y no la guerra”, cuestionaban el consumismo y el estilo de vida burgués, defendían el amor libre y promovían el cese de las industrias bélicas.

VIGILIA POR NORMAN MORRISON. En Arlington, el 6 de noviembre de 1965, varias personas se reúnen en memoria de este cuáquero de Baltimore que se quemó para protestar contra la guerra.

articleRead

You can read up to 3 premium stories before you subscribe to Magzter GOLD

Log in, if you are already a subscriber

GoldLogo

Get unlimited access to thousands of curated premium stories and 5,000+ magazines

READ THE ENTIRE ISSUE

Abril 2020