La Movilizacion
La Movilizacion
La participación de mujeres en la Guerra Civil española fue asimétrica pero semejante porque, si bien las que batallaron –y no solo en el frente– proyectaron en su lucha la idea que sobre su género poseían tanto ellas como sus correspondientes bandos, lo cierto es que la realidad del conflicto y las necesidades del mismo terminaron por acercar lo que en origen se encontraba en las antípodas.
GONZALO PULIDO GEÓGRAFO E HISTORIADOR
De lo que no cabe duda es de que la vida de las mujeres se transformó durante la Guerra Civil hasta el punto de conseguir, especialmente en el bando republicano, la mayor autonomía que jamás habían vivido. Gracias a la movilización, las mujeres pudieron desempeñar tareas hasta entonces reservadas en exclusiva a los hombres, lo que supuso una enorme liberación para muchas de ellas y, sobre un terrible escenario, la posibilidad de cumplir un sueño anhelado: desde combatir a trabajar en una fábrica, participar en política o formar parte de organizaciones.

Aunque, desgraciadamente, debido a la perspectiva dominante durante décadas –en la que los estudios carecieron de la aportación de las mujeres, de la óptica de género y de una mejor contextualización sociocultural–, se ha perdido, quizás para siempre, una considerable parte de la historia de la mujer en la contienda, quizás lo más importante que podemos concluir sobre la movilización femenina en la Guerra Civil es que requiere de matización en ambos bandos, pues ni las mujeres republicanas fueron todas indómitas milicianas ni las mujeres fascistas fueron todas sumisas amas de casa.

LAS MILICIANAS ‘ROJAS’

La movilización femenina en el bando republicano fue articulada por asociaciones, principalmente antifascistas y anarquistas –Secretariado Femenino del POUM (SFPOUM), Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA), Unión de Muchachas (UM), Mujeres Libres (ML)–; la propaganda enemiga llamó ‘rojas’ a estas mujeres debido a la vinculación de los republicanos con la Unión Soviética, el único país que intervino realmente en favor de la República. También tuvieron gran repercusión figuras femeninas como Dolores Ibárruri, Federica Montseny, Margarita Nelken, Matilde Huici, Victoria Kent o Dolors Bargalló. Aunque el discurso antifascista y el anarquista diferían en cuanto a la mujer de forma considerable, lo cierto es que ambos incluían a la misma en el esfuerzo y el frente bélico teóricamente sin limitaciones, ya fuera, como en el caso de los primeros, por una cuestión puramente pragmática –ganar la guerra– o, como en el de los segundos, por una verdadera concepción feminista. Sin embargo, uno de los grandes problemas con los que se encontraron las asociaciones femeninas fue que la mayoría dependían de organismos masculinos, por lo que, si bien no se cercenó ni impidió la actuación de la mujer –en un sentido global, porque las milicianas desaparecieron en su mayoría en 1937–, en muchos casos no se desarrolló como hubiera sido deseable.

Sea como fuere, la mujer republicana, al contrario que la mujer del bando sublevado, combatió en un marco legal progresista e inédito que incluía igualdad civil, aborto, igualdad salarial, fabricación de armas y primera línea de fuego, aunque ello tuviera una implementación desigual y en ocasiones estuviera más en lo teórico que en lo real. Algo que, puesto en la perspectiva de la época, fue, sin duda, toda una revolución, máxime si tenemos en cuenta que la mujer se encontraba casi enclaustrada en el hogar y tan solo había dado algunos pasos hacia una emancipación tutelada.

NOMBRES PARA EL RECUERDO

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Marzo 2020