LA EXPANSIÓN MILITAR NIPONA EN ASIA: El Imperio DEL SOL NACIENTE
Muy Historia|Issue 126
LA EXPANSIÓN MILITAR NIPONA EN ASIA: El Imperio DEL SOL NACIENTE
Entre finales del siglo XIX y principios del XX, se gestó una eclosión ultranacionalista en Japón que provocó guerras internas y externas y le hizo asumir el imperialismo como única forma de supervivencia.
ROBERTO PIORNO PERIODISTA E HISTORIADOR

La espina dorsal de la política exterior japonesa durante los largos años del shogunato Tokugawa (1603-1868) fue un calculadísimo aislamiento de las perniciosas influencias culturales, sociales, económicas y comerciales de Occidente. La insularidad de Japón definió acusadamente su carácter, y en buena medida explica la eclosión ultranacionalista que habría de gestarse en las décadas finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

El país del Sol Naciente despertó violentamente de su letargo el 8 de julio de 1858, cuando cuatro buques estadounidenses armados hasta los dientes hicieron acto de presencia en la bahía de Edo. Bajo la amenaza de la fuerza, el shogún fue obligado a firmar el Tratado Harris, que finiquitaba el aislamiento nipón garantizando a los americanos la apertura de varios puertos para el comercio y la rúbrica de sendos “acuerdos desiguales” con Estados Unidos y Reino Unido; acuerdos que otorgaban a ambas naciones la extraterritorialidad en los puertos, lo que significaba que quedaban completamente al margen de las leyes niponas y laautoridad del shogún. La indignación social no se hizo esperar: semejante humillación no era plato de buen gusto, y pronto un sustancial porcentaje de la población comenzó a señalar y culpar al decrépito régimen del shogunato como responsable de las concesiones y la rendición a las potencias occidentales.

LA RESTAURACIÓN IMPERIAL

A consecuencia de ello, la guerra Boshin (18681869) entre partidarios y detractores del shogún –imbuidos estos últimos de un acentuado frenesí xenófobo– se saldó con la caída del régimen y la restauración del emperador como figura central de la política japonesa. La nueva élite gobernante practicó un delicado equilibrio entre xenofobia por principio y apertura por pragmatismo, mirando de reojo a Occidente con el objetivo de modernizar el país e incorporando finalmente a Japón a la inercia de la Revolución Industrial a partir de los años 80 del siglo XIX. Uno de los principios motores del período Meiji fue situar a Japón en el mapa de las potencias mundiales y terminar de una vez por todas con los “tratados desiguales”, sacudiéndose las humillaciones de las últimas décadas sin por ello dejar de imitar aquellos aspectos que aceleraran la integración de Japón, con relaciones de igual a igual, en el plano internacional. Estas necesidades políticas y económicas convivían con el auge imparable de un nacionalismo que cambió de orientación a medida que Japón ganaba terreno y confianza en la escena internacional.

Así, de un nacionalismo basado únicamente en el rechazo de todo lo extranjero se pasó a otro mucho más agresivo, de corte netamente imperialista, que se miraba en el espejo del modelo de construcción nacional alemán, con un componente étnico muy acentuado que explica la exitosa difusión de los prejuicios xenófobos. La vertebración de un nuevo Estado en el que los militares jugaban un papel extraordinariamente protagonista fomentó el complejo de superioridad racial y el mesianismo civilizador –muy especialmente, con respecto a las otras naciones asiáticas–, así como un nacionalismo exacerbado que se establecía en torno al progresivo reconocimiento como religión de Estado del sintoísmo (en detrimento del budismo, de origen foráneo), que llevaba aparejado un fervoroso culto a la persona del emperador y un patriotismo excluyente.

PAZ Y GUERRA.

Arriba, el documento original del Tratado Harris de Amistad y Comercio entre Japón y EE UU (1858). A la derecha, en un grabado, las fuerzas del shogunato destruyen el Palacio de Satsuma en Edo, durante la guerra Boshin (1868-1869).

Uno de los principios motores del período Meiji fue situar a Japón en el mapa de las potencias mundialesen igualdad de condiciones

JAPÓN RECLAMA SU “ESPACIO VITAL”

Poco a poco, Japón asumió que el imperialismo era la única forma de supervivencia en un mundo en el que los Estados más fuertes subyugaban a los más débiles; se trataba casi de una obligación insoslayable en una escena internacional de competencia feroz. Sumado a la inflamación patriótica y xenófoba y al militarismo nacionalista y antioccidental forjado durante los primeros tiempos de la era Meiji, era un cóctel letal: Japón reclamaba su “espacio vital” y, lo más importante de todo, ya tenía medios para conquistarlo.

HUNDIDO. La pintura muestra el hundimiento por los cañonazos japoneses del barco chino Yang We en la batalla del Río Amarillo (septiembre de 1894), en la primera guerra sino-japonesa. Gran parte de la flota china acabó destrozada.

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