HITLER, MUSSOL IN I E HIROHITO SE AL ÍAN LA FORJA DEL EJE
Muy Historia|Issue 126
HITLER, MUSSOL IN I E HIROHITO SE AL ÍAN LA FORJA DEL EJE
La alianza entre Alemania, Italia y Japón en la Segunda Guerra Mundial, formalizada en septiembre de 1940, se basó no solo en la coincidencia en la ideología de sus gobiernos autoritarios e imperialistas, sino también en un resentimiento nacional compartido hacia los vencedores de Versalles.
NACHO OTERO

UN PACTO A TRES BANDAS.

De izquierda a derecha, el intérprete alemán Paul Otto Schmidt, el ministro de Exteriores italiano y yerno de Mussolini, Galeazzo Ciano, Hitler y Saburo Kurusu, embajador nipón en Alemania, conversan el 27 de septiembre de 1940 en Berlín tras la firma del Pacto Tripartito.

Cómo tres países tan distantes y distintos como la nórdica y severa Alemania, la mediterránea y exuberante Italia y el impenetrable y lejano Japón –bajo el liderazgo de un veterano de guerra austríaco de clase media, un bus cavidas exsocialista de humilde extracción y un aristócrata de origen divino (la familia imperial nipona, según la tradición sintoísta, desciende de la diosa Amaterasu)– se convirtieron en aliados y amigos se explica por numerosos factores. El más obvio, la confluencia de intereses ideológicos, en el umbral de una conflagración a escala global, entre el nazismo germano, el fascismo italiano y el militarismo japonés; asimismo, la necesidad de Hitler de recabar ayuda en áreas geoestratégicas que le hubiera costado controlar por sí solo, y la de sus socios de apoyarse en el poderoso Tercer Reich para alcanzar sus propios objetivos. Por eso esta alianza prosperó, y no así el Bloque Latino con que soñara Mussolini [ver recuadro 1]: la mera similitud cultural no era argamasa suficientemente sólida para un frente común.

Pero en la aproximación de las tres naciones, que se inició mucho antes del Pacto Tripartito de 1940, pesó además un motivo de carácter más emocional que político, convenientemente agitado por sus respectivos dirigentes: un sentimiento solidario de humillación y derrota.

KODOHA. La Facción del Camino Imperial fue un grupo dentro del Ejército japonés, fundado y liderado por el general Sadao Araki (en la imagen), de corte fascista e imperialista. Tuvo una gran influencia a principios de los años 30.

LOS PERDEDORES DE VERSALLES

El germen de este rencor nacionalista hay que buscarlo en el resultado de la anterior contienda mundial y, concretamente, en las condiciones (e incumplimientos) del llamado Tratado de Versalles, que cerró –en falso, como luego se vería– las heridas de la Guerra del 14. Con razón o sin ella –con más razón en unos casos que en otros–, tanto Alemania como Italia y Japón se sentían “parte damnificada” por dicho acuerdo: a la primera, la gran perdedora de la I Guerra Mundial, se le impusieron en 19191920 sanciones draconianas y duras limitaciones (desarme absoluto, importantes concesiones territoriales, exorbitantes indemnizaciones) que hundieron su economía durante la República de Weimar; a la segunda, pese a haber luchado en el bando ganador, se la ninguneó en el reparto del “botín” incumpliendo las promesas de Francia e Inglaterra; al tercero, también alineado en aquella ocasión con los vencedores, se le vejó desde la misma mesa de negociaciones, de la que fue apartado con excusas netamente racistas.

Ese fue el caldo de cultivo del ascenso de los fascismos europeos, que desde 1931 contaron con un sosias en Japón, el gobierno militar sustentado en el movimiento Kodoha (Facción del Camino Imperial). Así, a partir de los años 30, se intensificaron los contactos entre los tres “resentidos de Versalles” que culminarían en la forja del Eje. No obstante, a diferencia de lo que ocurrió con los aliados, nunca llegó a haber una reunión conjunta de los tres líderes del Eje: la naturaleza sagrada del emperador Hirohito le impedía aparecer en público para mezclarse en asuntos mundanos, hasta el punto de que en los carteles propagandísticos que celebraban la amistad de Japón con Alemania e Italia su efigie era sustituida por la del primer ministro Fumimaro Konoe, pues otra cosa hubiera sido irreverente. Mussolini y Hitler, sin embargo, sí mantuvieron encuentros con bastante regularidad [ver recuadro 2], encuentros que iban a empezar a propuesta del primero.

A diferencia de los aliados, nunca hubo una reunión de los tres líderes del Eje: Hirohito era sagrado y no aparecía en público

CONTRA EL COMUNISMO. Firma del Pacto Antikomintern en Berlín, el 25 de noviembre de 1936. A la derecha del embajador Mushakoji, el ministro de Exteriores nazi, Von Ribbentrop.

MUSSOLINI TOMA LA INICIATIVA

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