EL PRIMER ACTO DE UN LARGO CONFLICTO La guerra de INDOCHINA

Muy Historia|Abril 2020

EL PRIMER ACTO DE UN LARGO CONFLICTO La guerra de INDOCHINA
En la Batalla de Dien Bien Phu, el ejército de una colonia humillaba por primera vez a una gran potencia industrial. Lo que al principio fue solo una guerra de independencia se transformó en la etapa inicial del episodio más sangriento de la Guerra Fría, un conflicto que asoló Vietnam casi sin interrupción de 1945 a 1975.
RODRIGO BRUNORI

AL RESCATE. En la imagen, soldados paracaidistas aterrizan en el campo de batalla de Dien Bien Phu para reforzar a las tropas francesas atrapadas allí.

El 2 de septiembre de 1945, a bordo del acorazado USS Missouri, fondeado en la bahía de Tokio, representantes japoneses firmaron la capitulación ante los aliados, con lo que se puso fin oficialmente a la Segunda Guerra Mundial. Ese mismo día, en Hanói, al norte de la Indochina francesa –territorio colonial formado por Vietnam, Camboya y Laos–, el líder nacionalista y comunista Ho Chi Minh aprovechaba el vacío de poder existente tras el fin del conflicto para declarar la independencia de la República Democrática de Vietnam. El acto transcurrió en un ambiente festivo y en medio de un enorme júbilo popular. El Tío Ho, como le llamaban mayoritariamente sus compatriotas, citó la Declaración de Independencia de Estados Unidos –todos los hombres son iguales, la búsqueda de la libertad y la felicidad es un derecho inalienable, etc.– y la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa (“los hombres nacen y permanecen libres e iguales”). Luego, en uno de los momentos culminantes del acto, un avión americano sobrevoló la plaza Ba Dihn, abarrotada con 400.000 personas, y fue ovacionado por la multitud.

El suceso no despertó gran interés en Francia, que en la Conferencia de Potsdam había recibido garantías de que su soberanía sobre Indochina era intocable. Pero un año más tarde empezó una guerra en la que los franceses sufrirían una humillante derrota a mediados de los cincuenta y que desembocaría directamente en la Guerra de Vietnam.

REUNIÓN DE LÍDERES. Foto de grupo al final de la Conferencia de Potsdam, en 1945. Sentados, de izquierda a derecha, Clement Attlee, Harry S. Truman y Iósif Stalin, los líderes del Reino Unido, EE UU y la Unión Soviética, las potencias aliadas que habían vencido a las del Eje en la Segunda Guerra Mundial.

NO FUE POSIBLE LA PAZ

Siguieron a la declaración de independencia meses de conflictos y negociaciones. En Potsdam los aliados habían dividido Vietnam en dos mitades con el fin de desarmar a los japoneses: los británicos al sur del Paralelo 16 y los chinos nacionalistas de Chiang Kai-shek (es decir, el Kuomintang) al norte. Ho Chi Minh se encontró así con una fuerza de casi 200.000 soldados chinos –el tradicional enemigo de Vietnam– que amenazaban con quedarse y actuó con pragmatismo: en los acuerdos del 6 de marzo de 1946, aceptó la vuelta temporal de las tropas francesas a Hanói para que los reemplazaran. A cambio, Francia reconocía a la República de Vietnam dentro de la recién creada Unión Francesa, que debía sustituir al Imperio colonial francés. Ho Chi Minh partió entonces a París para seguir negociando y, a pesar de todas las discrepancias –especialmente, la decisión de Francia de desgajar el sur de Vietnam (Cochinchina) y convertirlo en una entidad independiente–, en los Acuerdos de Fontainebleau del 14 de septiembre se firmó un modus vivendi y se pactó retomar los contactos al año siguiente. Pero el 23 de noviembre, tras un confuso incidente aduanero, Francia bombardeó desde el mar la ciudad de Haiphong, al norte del país, y causó 6.000 muertos. Esta actuación encendió la mecha de una serie de enfrentamientos que en diciembre de 1946 llevaron a una insurrección en Hanói y al comienzo de la Guerra de Indochina.

El desafío vietnamita al poder de Francia tuvo lugar en el contexto de uno de los procesos históricos más importantes del siglo XX, la descolonización, y la reacción francesa es una muestra de su incapacidad para comprender la verdadera dimensión de lo que estaba ocurriendo. Tras la convulsión y el debilitamiento de las potencias europeas que supuso la Segunda Guerra Mundial, el desmantelamiento de los imperios coloniales era inevitable, una mera cuestión de tiempo. Más aun en el caso de Francia, que era quien había sufrido el golpe más duro a su estatus internacional: derrotada por los nazis en cuestión de días, liberada por extranjeros y excluida de las decisiones que tomaban los vencedores (Estados Unidos, el Reino Unido y la URSS).

A menudo se ha comparado la relativa facilidad con que se desmanteló el Imperio británico con el empecinamiento francés en resistir a toda costa, primero en Indochina y luego en Argelia, una postura que no respondía solo a los intereses económicos de Francia –el caucho vietnamita, por ejemplo, era fundamental para la industria del automóvil–, sino que también estaba relacionada con esa necesidad de restañar el orgullo herido y recuperar su posición de gran potencia. El problema de Francia fue que no contaba ya con medios materiales ni –especialmente– con tropas para hacerlo. Tampoco tenía fuerza suficiente para imponerse el Vietminh, y por eso ambos se embarcaron en un enfrentamiento que duró nueve años y en el que los vietnamitas tuvieron siempre su fuerza en el norte, sobre todo en las zonas rurales, desde donde lanzaron incursiones al sur y asimismo al vecino Laos.

En Potsdam, Francia recibió garantías de que su soberanía sobre Indochina era intocable; un ño más tarde, Vietnam la desafió

CHIANG KAI-SHEK. Sobre estas líneas, el líder nacionalista chino pasando revista a sus tropas hacia el año 1950.

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