PAPÁ SOLTERO
Caras México|Septiembre 2020
PAPÁ SOLTERO
La vida de Mauricio Ochmann bien podría ser una película. Detrás de cámaras, recorremos junto a él las diferentes etapas y facetas que lo han marcado de una manera muy particular. Al platicar más a fondo con el actor comprendimos por qué la paternidad es el clímax de su historia.
Mari Tere Lelo de Larrea

Por primera vez, Mauricio Ochmann posa con sus dos hijas para nuestra cámara. Definitivamente, la más entusiasmada de realizar esta sesión es la más pequeña de la familia: Kailani, quien a sus dos años de edad está feliz por probarse y cambiarse las diferentes prendas que llevamos para ella. Por su parte, Lorenza de 16, ayuda a su hermana menor, juega con ella y la hace reír.

Lorenza y Kailani son polos opuestos. Cada una ha heredado diferentes rasgos de la personalidad de Mauricio; por un lado, la mayor de las Ochmann es prudente, madura e independiente. Mientras que por el otro, la chiquita tiene mucha energía y es muy observadora.

Una imagen dice más que mil palabras y en esta sesión fuimos testigos de la estrecha relación que el actor tiene con ambas. Al verlas, Mauricio no puede esconder el orgullo y profundo amor que siente por ellas. “Se me cae la baba”, nos comenta el intérprete al inicio de nuestra conversación.

BUSCAR PARA ENCONTRARSE

Él nació en Washington D.C., creció con sus padres adoptivos, María y Guillermo Sánchez, pero al poco tiempo se separaron y se mudó a México. Después, su mamá se volvió a casar, con Thomas Ochmann.

Con una infancia llena de claroscuros, Mauricio vivió procesos que no son fáciles para un niño. Pasó su niñez entre Jurica y Granja, Celaya. Donde aprendió a montar a caballo, estar cerca de otros animales, andar en bicicleta, entre otras actividades capmiranas. Debido a las condiciones de ambos lugares, hoy, la naturaleza juega un papel sumamente importante dentro de la vida del actor.

Por otro lado, Mauricio se vio obligado a librar ciertas batallas desde que era pequeño, pues las críticas que recibía por parte de sus compañeros y algunos de sus maestros de la escuela por el tema de ser adoptado, fue algo que le costó superar. “Vivía con mi segundo padre, que legalmente todavía no era mi papá y cuando hacía un examen, escribía Mauricio Ochmann porque era parte de esa familia pero había burlas porque no tenían la información completa; la verdad es que sí hubo dos o tres momentos muy fuertes que me marcaron en lo que yo buscaba mi identidad y quien soy”, recuerda el actor.

“Como niño me preguntaba: ‘¿Quién soy?, no soy Sánchez, pero tampoco Ochmann, entonces ¿mis padres biológicos?’… todo eso en la cabeza de un niño es difícil. Fue una batalla que con el tiempo logré superar”.

Fue a través de una botarga de pingüino como descubrió que estar en un teatro era un respiro para él. Darle vida a un personaje ficticio le permitía jugar, divertirse y olvidarse de sus problemas, por lo que participar dentro de esta actividad, poco a poco se convirtió en una pasión. “A los cinco años me tocó hacer la obra de Mary Poppins. En ese momento dije, ‘quiero actuar toda mi vida’, me sentía libre en el escenario. La verdad es que la actuación empezó a ser terapéutica y fue algo que se quedó en mi vida”, explica.

Pasaron los años, y Mauricio tenía claro que su gusto por interpretar no era un juego de niños. El destino jugó un papel muy importante en su carrera. A los 13, se reencontró con su primer papá adoptivo sin saber que gracias a él tendría, más adelante, su primera oportunidad profesional con Héctor Suárez. “Fue algo muy bonito porque volví a conectar con él tiempo después. Lo busqué y me abrió las puertas. Vivía en la Ciudad de México y lo iba a visitar una vez al mes”. Estas vivencias marcaron al actor de una manera muy especial, pero le han servido para ser consciente de la paternidad: “Como niño me preguntaba: ‘¿Quién soy? no soy Sánchez, pero tampoco Ochmann, entonces ¿mis papás biológicos?’… todo eso en la cabeza de un pequeño es difícil. Fue una lucha que con el tiempo logré superar y al final encontré que soy mi propia madre, mi propio padre y mi adulto responsable; es algo que me da muchísimo control y una manera más interesante de hoy, estar con mis hijas. Todo me ha servido para convertirme en un mejor ser humano”, añade, “para mí la paternidad es la oportunidad de crecer. A mí me pasó algo muy fuerte con Lorenza, a través de ella pude hacer las paces con mi niño interior; rescaté a esa personita que a lo mejor no tuvo la contención que necesité en la infancia”.

MAESTRAS DE VIDA

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Septiembre 2020