Las puertas del AVERNO
Caras México|Septiembre 2020
Las puertas del AVERNO
Los hospitales psiquiátricos han pasado a la historia de la cultura popular como uno de los espacios ideales para vivir una auténtica pesadilla, al grado de que muchos de ellos ya han cerrado sus puertas y a veces son utilizados como locaciones para películas de terror. Sin embargo, estos lugares no empezaron con la intención de torturar a sus pacientes.
Por Myriam Vidal Valero

Hasta el siglo XIX, el destino más probable de las personas con enfermedad mental era una cárcel, un hospicio o alguno de los primeros intentos de hospitales psiquiátricos. Ninguno de estos lugares esta

ba preparado para darle a los pacientes una atención correcta. Ante este escenario, surgió el “tratamiento moral”. Creado en Europa a finales del siglo XVIII y significó un cambio en la concepción de la enfermedad mental para dejar de atender a los enfermos como animales irracionales y convertirlos en personas curables. Esta nueva visión llegó a Estados Unidos, en donde el doctor Thomas Story Kirkbride diseñó el Plan Kirkbride que consideraba un modelo arquitectónico en forma de murciélago, con un edificio central flanqueado por dos alas compuestas por salas escalonadas. Esto facilitaba la clasificación de los pacientes entre sí, así como darles acceso al aire fresco y la luz natural. Así nacieron los primeros hospitales psiquiátricos.

Se volvió tan popular que muy pronto estas instituciones se sobresaturaron. Aunado a esto, la mala administración de las autoridades y un aumento de custodialismo llevó al modelo a la ruina y convirtió a estos hospitales en lugares para ser temidos. El sociólogo Erving Goffman los describió en su libro Asylums como “instituciones totales” que despojaban a los individuos de su identidad y los convertían en prisioneros.

Los hospitales psiquiátricos, conocidos coloquialmente como manicomios, se han convertido en un referente de historias y horror a quienes fueron sus pacientes. Hoy, el discurso sobre las enfermedades mentales ha cambiado y evoluciona a métodos más humanos.

Terminar en uno de estos noscomios pasó a ser una de las peores condenas que alguien podía vivir, y no solo por las condiciones de encierro, sino por la enorme lista de excéntricos tratamientos, muchos de los cuales podrían ser catalogados como tortura.

MÉTODOS DE TERROR

Uno de los tratamientos más extraños fue la terapia giratoria, que consistía en utilizar la fuerza centrífuga para dejar inconsciente al paciente. Aunque la idea original se le atribuye a Erasmo Darwin, fue el doctor inglés Joseph Mason Cox quien lo puso en práctica con personas violentas, delirantes o con un diagnóstico de histeria. Esta terapia pronto pasó de moda y a finales del siglo XIX ya no se ponía en práctica este método.

Otro tratamiento bastante recurrente a principios del siglo XX fue la hidroterapia. Las técnicas variaban desde duchas con agua, extremadamente caliente o fría, a envolturas de agua y baños de tina, y se utilizaban para tratar insomnio, pensamientos suicidas, agresividad, depresión maníaca, histeria, epilepsia y parálisis, entre otros. Los baños podían durar hasta varios días.

A la lista también se añaden las lobotomías y la terapia convulsiva. Las primeras consistían en una serie de procedimientos quirúrgicos para diseccionar o intervenir los lóbulos cerebrales. Se volvieron especialmente populares en los 40s, al grado que fueron merecedoras del Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1949 por su efectividad para tratar a pacientes con psicosis. En 1950 se reemplazaron por el uso de fármacos y porque la comunidad médica comenzó a notar su inseguridad y poca eficacia. El neurocirujano británico Henry Marsh se ha referido a ellas como “mala ciencia”, dado que no se les daba un seguimiento a los enfermos.

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