LIENZOS DECOLORES
Caras México|Septiembre 2020
LIENZOS DECOLORES
Un paseo por la vida del aclamado pintor mexicano Luis Nishizawa Flores, a seis años de su fallecimiento, por medio de la visión de su hijo Luis Nishizawa.
Cecilia Morales Andere

Familiares y amigos recuerdan al gran artista plástico Luis Nishizawa Flores como un ser humano de personalidad sencilla, de agradable y fácil conversación, que desde pequeño tuvo una vocación hacia el arte; amante de la música clásica con afición y gusto por tocar el piano.

El famoso pintor vivió una mezcla especial de culturas, su padre japonés y madre mexicana le ayudaron a definir su personalidad y forma de vida, llena de orden y con una disciplina rígida e importante.

Para el artista, adentrarse en México, conocer las raíces, culturas y arqueología del país, sirvieron como base para comprender las tradiciones nacionales y plasmar –perfectamente– en sus lienzos diferentes matices de paisajes que lo caracterizan a nivel global.

“Mi papá fue un hombre grande, me dio una formación con enorme precisión por los detalles y, al ser su brazo derecho, aprendí mucho sobre su personalidad”, afirma Luis Nishizawa Zepeda.

Una de las características que se reconoce del maestro Nishizawa fue el placer con el que disfrutó y gozó su vida al máximo.

SUS ORÍGENES

Fue una hacienda que se ubicaba en la zona de Cuautitlán Izcalli, Estado de México en donde se desarrolló la niñez de quien años después, se reconocería como un gran exponente de la pintura mexicana. Hijo de un agricultor japonés –con una vida humilde y sencilla– Luis Nishizawa Flores sintió, desde los 17 años, una pasión por las artes y la música, esta situación lo orilló a dejar la casa familiar –cuando aún era adolescente– para mudarse a la Ciudad de México y vivir solo en el barrio de Tepito mientras cursaba la carrera de Piano en el Conservatorio Nacional de Música, esta decisión marcó fuertemente su madurez, temperamento y carácter.

Unos años más tarde, la hacienda de sus padres pasó por una fuerte crisis económica, que los obligó a dejar todo atrás y mudarse – prácticamente sin nada– junto a su hijo.

El talento de Nishizawa frente a un caballete fue siempre notorio y con alto aprecio por varios de sus maestros que lo apoyaron y otorgaron un espacio privado dentro de la Academia de San Carlos. Al tiempo se desempeñó como profesor de pintura en la Universidad Nacional Autónoma de México.

EL AMOR DE SU VIDA

Gracias al pintor Raúl Anguiano, Nishizawa conoció a quien más adelante sería su compañera de vida y uno de los pilares más fuertes para su desarrollo profesional y personal: Eva Zepeda, pintora y alumna de La Esmeralda, quien acompañó a los artistas durante viajes largos por el interior de la república. Así nació la relación entre ellos. “Mi madre siempre estuvo al lado de mi papá, en todo, además de estar dispuesta a impulsarlo, desde montar telares hasta enmarcar sus obras”, menciona y recuerda Luis Nishizawa.

Con una importante diferencia de edad –14 años–, el artista contrajo matrimonio a los 46 años con la señora Eva Zepeda, a quien sus hijos llamaban “Evis” y con la que formó una familia de cuatro descendientes de nombres Eva, Luis, Adriana y Gabriel.

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