El Arte De “Vivir Bonito”
Caras México|Octubre 2019
El Arte De “Vivir Bonito”
La talavera, una tradición ancestral nacida en Puebla, que hoy es considerada como un objeto de lujo y una joya de artesanía a nivel mundial.
Cecilia Morales Andere

Cada una de las piezas de talavera encierra un índice de historia de las ciudades, regiones, grandes tradiciones y vivencias que, por medio de sus diseños, son capaces de narrar lo que acontecía en las diferentes épocas. Desde situaciones sociales y culturales hasta políticas, al brindar una idea de quién la producía y consumía.

La loza blanca vidriada, como se conocía antes, fue introducida a la Nueva España por los frailes dominicos y artesanos que los acompañaban en el siglo XVI, esto con el fin de poder satisfacer todas sus necesidades y las de la burguesía del Nuevo Mundo al que llegaron.

Desde esa fecha hasta el día de hoy, la talavera es un sello de distinción de lujo y elegancia en la artesanía mexicana. Es un testigo silencioso continuo de todo lo que ha pasado a su alrededor, desde la vida personal y familiar de los artesanos que transforman el barro al trabajarlo y darle forma, hasta la última vez que se usó por la persona que a simple vista fue conquistada por los hermosos colores, brillo y por supuesto el diseño de la pieza.

Su versatilidad varía tanto como el lugar y el uso que su dueño quiera darle. A lo largo de la historia cada pieza ha presenciado sabores, olores, triunfos, derrotas, pactos, sociedades, alegrías y tristezas. Han sido motivo de orgullo y una antigua costumbre de una sola familia, así como elementos de discordia por el deseo de poseerla desde mucho tiempo atrás como lo fue en el siglo XIX, en México. En ese momento el país pasaba por un periodo de gran agitación, lo que ocasionó la abolición de los gremios en 1813, la cual perjudicó a los productores de talavera, únicamente lograron sobrevivir siete de los 46 talleres existentes que se tenían registrados en el año 1700.

La de mayor tradición y relevancia como fabricante de talavera era Casa Uriarte, la cual nace en medio de este complicado contexto histórico y mercantil que se vivía en nuestro país.

LA FAMILIA URIARTE

En 1824, don Ygnacio Uriarte emprende un negocio en el México recién independizado, al comprar un pequeño taller de loza blanca llamado La Guadalupana. Desde ese momento, hasta el día de hoy, la fábrica sigue ubicada en el mismo lugar, incluso el señor Uriarte la escogió para vivir. Esta casa vio nacer y crecer a sus hijos y a su familia, además de ser el taller en el que se producía la mejor talavera reconocida internacionalmente, la fábrica más antigua de Puebla y la octava empresa con más años en el país.

La hermosa casona del siglo XIX, en el centro de Puebla, funge como fábrica de esta artesania. En el segundo piso se instaló un museo privado con piezas invaluables de arte contemporáneo. Como el tibor de Raúl Anguiano, obras intervenidas por artistas de la talla de José Luis Cuevas, Jan Hendrix, Vicente Rojo, Alberto Castro Leñero, entre muchos otros, con un incalculable valor artístico, que solamente puede ser comparado con la colección del Museo Franz Mayer. El patio central se encuentra cubierto por murales hechos de azulejos, en el que resaltan los dos de Enrique Luis Ventosa, pintados en los años 20. La participación del señor Ventosa revolucionó el diseño de la talavera, al incorporar elementos del art nouveau, motivos prehispánicos e influencias asiáticas, la destreza artística del catalán, junto con la visión empresarial de Isauro Uriarte (nieto de don Ygnacio), pusieron estas piezas de arte poblano y a nuestro país en la mirada internacional.

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Octubre 2019