Prolongando el cabello
Forbes México|Octubre - Noviembre 2019
Prolongando el cabello
Conoce la primera compañía de extensiones de pelo humano financiada por empresas del mundo. ¿Su objetivo? Ser el Airbnb de los salones de belleza.
Por Susan Adams

EL MAGO DE LAS EXTENSIONES
Diishan Imira, fundador de Mayvenn, retratado en Moods Beauty Bar, Oakland, California.

En Moe’s Hair Hut, Harlem, Nueva York, Raven Johnson, de 24 años, quiere verse bien para su próximo baby shower. Ella está acostumbrada a pagar hasta 500 dólares por unas extensiones. La tarifa se desglosa en: 250 dólares por unas extensiones de cabello (humano), largas y sedosas, y los 250 restantes son para el estilista que las coserá a la cabellera de Johnson con trenzas apretadas.

Pero, esta vez, gracias a una startup llamada Mayvenn, ella pagará 250 dólares en total. Después de tres horas de meticuloso trabajo en manos de la estilista Ericka Barksdale, el estéreo resuena con ritmos de R&B y los mechones caen en los hombros de Johnson. Radiante, dice: “Ésta es la mejor oferta que he aprovechado: comprar cabello y obtener una aplicación gratuita”.

Fundada en 2013 por el emprendedor afroestadounidense Diishan Imira, de 38 años, Mayvenn es la única startup respaldada con capital de riesgo, que apunta hacia los 6,000 millones de dólares (MDD) del mercado de extensiones de cabello humano en Estados Unidos.

Con 36 MDD puestos por inversionistas, incluidas Serena Williams y la empresa Andreessen Horowitz (una potente firma de capital de Silicon Valley), Mayvenn está valuada en 100 MDD.

¿Cómo cumplirá con el retorno de la inversión? “Mayvenn tiene un gran crecimiento, con mercado en ambas direcciones, [es decir] cientos de miles de expertos en belleza, por un lado, y millones de clientes por el otro”, dice Ben Horowitz, de la firma de capital Andreessen Horowitz. “Es importante. Entiendo que esto no es un negocio de comercio electrónico o una cadena de salones de belleza”.

Antes de que Mayvenn irrumpiera en ese mercado, las mujeres negras solían adquirir esas extensiones de cabello en tiendas de belleza que estaban bajo el control de coreanos, principalmente.

“Todo el dinero estaba fluyendo fuera de la comunidad negra”, dice Imira, quien está vestido de gris oscuro, con camiseta, pantalones de chándal grises y unos impecables tenis marca Nike, grises, sin calcetines.

Está sentado frente a una computadora portátil Mac y un monitor de 27 pulgadas, en su oficina en el centro de Oakland, California.

Además de dos cajas de coñac Hennessy apiladas junto a la puerta, que fueron regalo de un amigo, la alfombra gris es lo único que decora su oficina. “Soy un poco minimalista”, afirma. Su departamento, ubicado en la gentrificada colonia de Lakeshore, tiene el mismo concepto decorativo.

Mantener las cosas simples lo ayuda a concentrarse. Imira concibió Mayvenn en 2012, después de que un estilista amigo, en Los Ángeles, le preguntó si podía conseguirle un contacto para adquirir extensiones de cabello humano en China.

En 2003, durante un trabajo postcolegial en Shenzhen, enseñando inglés, aprendió a importar productos chinos mientras estudiaba mandarín.

Comenzó con imitaciones de tenis Air Jordan, de 20 dólares, que vendió a sus amigos por 70. Cuando se mudó a Miami, en 2005, movió todo el efectivo de su negocio a importación de muebles. Imira se divirtió embolsándose seis cifras al año, luciendo sus falsos Jordan, conduciendo un Acura y “viviendo” en la fiesta. Pero, dice, “no tuve una compañía; tuve mucho ajetreo y nada de longevidad”.

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