OBESIDAD- LA INDUSTRIA, A PUNTO DE PERDER EL INVICTO
Forbes México|Octubre - Noviembre 2019
OBESIDAD- LA INDUSTRIA, A PUNTO DE PERDER EL INVICTO
Las firmas de consumo se las habían arreglado para atajar las presiones de nutriólogos y activistas que pretendían obligarlas a informar con claridad, en los empaques de sus bebidas y alimentos, su contenido de azúcar, grasas y sodio. Esta vez, el árbitro no parece estar de su lado.
Lucía Pérez Moreno

Entender la información nutrimental impresa en los empaques de alimentos, bebidas y otros productos de consumo que se venden en México requiere de ciertos conocimientos en matemáticas y nutrición.

La norma que regula esa información se encuentra vigente desde 2010 y, frente a las críticas de que no se cumple la función de orientar a los consumidores sobre la calidad de los productos, ahora un cambio en el etiquetado por sellos de advertencia enfrentaría a los intereses políticos y económicos.

La tendencia en América Latina es dirigirse hacia un etiquetado frontal de advertencia (EFA), similar al modelo chileno adoptado en 2016 y pionero en la región, afirma Gabriela García, del Centro de Investigación en Nutrición y Salud (CINyS). Un etiquetado similar ya fue implantado en Perú y Uruguay.

En México, el gobierno de la 4T muestra interés por seguir la tendencia regional, pero la industria y los actores relevantes de Morena intentan torpedear el cambio.

Al cierre de esta edición, con 445 votos a favor, cero en contra y tres abstenciones, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó, en lo general y en lo particular, las reformas a la Ley General de Salud, entre las cuales se encuentran el etiquetado de alimentos y bebidas no alcohólicas.

El cuestionamiento más duro contra el actual sistema de etiquetado, denominado Guías Diarias de Alimentación (GDA), es el uso de parámetros arbitrarios y alejados de lo que sugiere la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Subestima el contenido de nutrientes críticos y no le sirve a nadie para tomar decisiones”, dice García.

El GDA fue avalado por la Secretaría de Salud, en 2010. Desde el principio, el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y otras instituciones médicas advirtieron que ese etiquetado no servía de nada y lamentaron que el gobierno no los hubiera consultado antes de autorizarlo. Fue desarrollado 100% por la industria y, luego, las autoridades lo adaptaron a sus políticas de salud. Por eso, la comunidad médica y científica fue ignorada, dice Ana Larrañaga, de la coalición ContraPeso.

En 2011, el INSP hizo una primera encuesta, con 122 estudiantes de Nutrición, para ver cuántos podían interpretar la etiqueta GDA. Sólo 12% logró responder correctamente a tres preguntas relacionadas con porcentajes de energía, grasas y azúcares; además, entenderlo les tomó un promedio superior a tres minutos, demasiado tiempo para destinarlo a cada producto en el supermercado. La propia Secretaría de Salud elaboró una guía para orientar al consumidor sobre el GDA.

La industria defiende el etiquetado actual, ya que, dice, utiliza valores de referencia científicos y apegados a estándares internacionales, pero los expertos consideran que, al menos en el caso de México, el mismo es engañoso. Entre las limitaciones del GDA, están el uso de valores de referencia incorrectos y no hacer diferencia entre porciones para niños y adultos, acusa García. “Los puntos de corte fueron creados por la industria alimentaria, no por la OMS o por expertos en nutrición”, añade.

Un ejemplo es la indicación de cantidad máxima de azúcar que una persona debería consumir al día. En México, ésta es de 90 gramos (19 cucharadas), pero el estándar internacional es de 50 gramos (10 cucharadas, y cinco en el caso de los menores de edad).

La industria capitaliza esa discordancia. En Estados Unidos, una botella de 20 onzas (592 mililitros) de Coca-Cola indica que contiene 130% del azúcar permitida, mientras que, en México, el mismo producto, con 600 mililitros, dice contener 50% del GDA. No sólo eso, la presentación de 500 mililitros avisa que hay 58% del azúcar permitida al día, con lo cual el etiquetado sugiere que, entre más refresco se tome, menos azúcar se consume. Coca-Cola, incluso, viola la Norma 051 de etiquetado frontal, pues en la presentación retornable de ese producto no incluye el etiquetado.

Otro criterio es que, al sumar azúcares naturales y azúcares añadidas, la etiqueta oculta información importante, pues los añadidos tienen un efecto metabólico diferente, por lo cual, en Estados Unidos, es obligado mencionarlo; pero eso no sucede en México. “El jarabe de maíz de alta fructosa provoca adicción al azúcar”, remarcó el director del INSP, Juan Rivera Dommarco, en un foro legislativo sobre bebidas azucaradas.

El especialista en nutrición afirma que el tope máximo de azúcar añadida que una persona puede ingerir al día es de 10% del total de endulzantes. En México, por el alto consumo de refrescos, se ubica en 70%, lo que expone a la población a una mayor propensión de padecimientos, como diabetes.

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