La Última Frontera De Las Finanzas
Forbes México|Octubre - Noviembre 2019
La Última Frontera De Las Finanzas
La carrera por proporcionar herramientas básicas de crédito y ahorro a los 1,700 millones de personas que carecen de servicios bancarios en el planeta, ¿cómo les cambiará la vida? ¿Cómo enriquecerá al mundo? ¿Cómo sentará la piedra angular de algunas de las nuevas fortunas de este siglo?
Jeff Kauflin Y Susan Adams

GUARDIANA DE LOS PRÉSTAMOS

La fundadora de Tala, Shivani Siroya, en la sede de su nueva empresa en Santa Mónica. Ella usa datos de teléfonos celulares para determinar la solvencia de las personas rechazadas por los bancos en el Tercer Mundo. "Estamos desarrollando un sistema completamente nuevo y una nueva forma de pensar sobre el riesgo y la identidad", dice.

Hace dos años,Amylene Dingle vivía con su esposo y su hija de siete años en Payatas, un barrio empobrecido de Manila, con el vertedero abierto más grande de Filipinas. Su esposo trabajaba como personal de seguridad en un edificio del gobierno, ganando 4,000 pesos filipinos a la semana, el equivalente a 80 dólares. Siempre había querido abrir un negocio, pero estaba desempleada, no tenía dinero ahorrado, no tenía historial crediticio y no podía obtener ni una tarjeta de crédito ni un préstamo bancario.

La suerte de Dingle dio un giro notable tras responder a un anuncio de Facebook para Tala, una startup con sede en Santa Mónica, que hace pequeños préstamos a través de una aplicación para teléfonos inteligentes. Después de otorgarle a Tala acceso a su teléfono, la aplicación analizó de manera inteligente los datos móviles para evaluar el riesgo del prestatario, y, así, obtuvo un préstamo de 20 dólares por 30 días. Pagó 15% de interés y usó el dinero para comprar carnes frías, hamburguesas y hot dogs. Ella fijó su precio en 40% y los vendió de puerta en puerta, obteniendo cuatro dólares en ganancias, después de pagar los intereses y una pequeña tarifa de procesamiento.

Hoy, Tala le presta a Dingle, de 42 años, 250 dólares por mes para su próspero negocio de alimentos. Sus 70 dólares en ganancias semanales casi han duplicado los ingresos de su familia y han financiado su mudanza a una casa de dos habitaciones en el tranquilo y limpio distrito de Batasan Hills, Filipinas. Tala también está prosperando. Fundada en 2011 por Shivani Siroya, una ex analista de Wall Street, de 37 años, que había trabajado en las Naciones Unidas, ha recaudado más de 200 millones de dólares (mdd) de los principales inversionistas estadounidenses, incluido el fondo multimillonario de Steve Case, Revolution Growth. Con ingresos estimados de más de 100 mdd en 2019, Tala está valuada en cerca de los 800 mdd.

Empresas como Tala están a la vanguardia de la carrera para ofrecer servicios financieros rudimentarios a los 1,700 millones de personas que carecen de una cuenta bancaria en el mundo. Proporcionarles los conceptos básicos de crédito, ahorro y seguro es uno de los grandes desafíos y oportunidades del siglo. Con acceso al sistema financiero, las personas pueden comprar un automóvil o una casa; y no tienen que recurrir a prestamistas, si enfrentan una emergencia médica. Son más felices y viven más tiempo. Son más productivos y sus actividades ayudarán a sacar a sus naciones de la pobreza. Servir a los no bancarizados generará algunas de las mayores fortunas del mañana. Es tanto, que ahora el imperativo moral del capitalismo es la ruta hacia uno de los mercados más importantes (sin explotar).

Mientras que los no bancarizados pagan todo en efectivo, una franja aun mayor de personas, los más de 4,000 millones “bancarizados”, pueden tener cuentas, pero luchan para llegar a fin de mes, acumulando altas tarifas cuando los cheques rebotan, y recurriendo a alternativas de alto interés, como préstamos a la quincena. La única forma en que los bancos tradicionales podrían aumentar sus ingresos anuales, en al menos 380,000 mdd, sería convirtiendo en clientes a toda la gente no bancarizada, según un informe de Accenture de 2015.

Los efectos multiplicadores son asombrosos. El PIB de los países de mercados emergentes aumentaría 3.7 billones para 2025, o 6%, si adoptaran una sola innovación: cambiar de efectivo a dinero digital almacenado en teléfonos celulares, estimó McKinsey en 2016. Diego Zuluaga, analista del Cato Institute’s Center para Alternativas Monetarias y Financieras, ha estudiado los probables efectos de la inclusión financiera total: “Si tuviéramos a los bancarizados y no bancarizados en un mundo en desarrollo, al mismo tipo de acceso al crédito y las inversiones que tenemos en los países ricos, podrías crear fácilmente 100,000 mdd adicionales en activos financieros, durante los próximos 50 años”.

La fundadora de Tala, Siroya, fue criada por sus padres, inmigrantes indios (ambos profesionales), en el barrio gentrificado de Park Slope, Brooklyn, y asistió a la Escuela Internacional de las Naciones Unidas, en Manhattan. Obtuvo títulos de Wesleyan y Columbia, y trabajó como analista de banca de inversión en Credit Suisse y UBS. A partir de 2006, su trabajo consistía en evaluar el impacto del microcrédito en el África Subsahariana y Occidental para la ONU. Ella dio seguimiento a las mujeres mientras solicitaban préstamos bancarios de unos pocos cientos de dólares, y se sorprendió por la cantidad de personas que fueron rechazadas. “Los banqueros, en realidad, me decían cosas como: ‘Nunca serviremos a este segmento’”, comenta.

Donde los bancos vieron el riesgo, ella vio la oportunidad. Para la ONU, entrevistó a 3,500 personas sobre cómo ganaban, gastaban, prestaban y ahorraban. Esos conocimientos la llevaron a lanzar Tala: un solicitante de préstamos en el que los clientes pueden demostrar su solvencia a través de las rutinas diarias y semanales registradas en su teléfono. Se considera que un solicitante es más confiable si hace cosas como llamar regularmente a su madre y pagar sus facturas de servicios a tiempo. “Usamos su rastro digital”, dice Siroya. Tala está creciendo rápidamente. Ya tiene 4 millones de clientes en cinco países, que han tomado prestados más de 1,000 mdd. La compañía es rentable en Kenia y Filipinas, y se expande en Tanzania, México e India.

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