Basura Que Vale Oro
Forbes Centroamérica|Octubre 2019
Basura Que Vale Oro
La salvadoreña María Ríos creó una de las empresas con mayor potencial en la recolección y el reciclaje de residuos en Houston. Ahora incursiona en el desarrollo de soluciones para la seguridad industrial junto con IBM Watson IoT.
Hugo Salvatierra Arreguín

María Ríos llegó a los 13 años a Estados Unidos en busca de un lugar seguro para vivir junto con sus padres y sus dos hermanas, debido a que su país, El Salvador, vivía una Guerra civil que terminó hasta 1992. Mientras estudiaba en la Universidad de Houston diseñó un plan de negocios que se convirtió en la base de Nation Waste, una empresa especializada en disposición de residuos que hoy factura 50 millones de dólares (mdd).

La compañía, fundada en 1997, ofrece servicios de recolección de desechos mediante contenedores de basura tradicionales y con ruedas para los sectores comercial, construcción e industrial, además de que tiene la capacidad de compactar los materiales y reciclarlos. Otro de sus productos estrella es la renta de sanitarios portátiles, área que la convirtió en el cuarto mejor proveedor del Super Bowl, justa deportiva que se celebró en la ciudad texana en 2017.

Pero la presidenta de la empresa no se conforma con eso y desde hace dos años pretende dar un giro radical al negocio con la creación de Nation Safety Net, una división que, con la ayuda de IBM Watson IoT, desarrolla soluciones basadas en sensores para fortalecer la seguridad industrial.

EL SENDERO DE LA BASURA

Cuando la hoy empresaria era niña, la familia Ríos tenía una hacienda y terrenos dedicados a la ganadería y la agricultura en La Unión, departamento de San Alejo. En esta zona daban empleo a la gente de la localidad y de los alrededores, pero con el conflicto armado de El Salvador sus cuatro integrantes tomaron sus visas y partieron hacia Estados Unidos.

Su madre trabajaba limpiando corporativos y en las noches María la acompañaba. “Entonces yo me sentaba en las oficinas más bonitas que había en esos edificios y decía: ‘un día voy a tener mi oficina y mi propio negocio’”, recuerda la migrante centroamericana.

Desde ese entonces se enfocó en ese objetivo. No cesó a pesar de que sufría las burlas de sus compañeros por tener un acento diferente, pero eso le daba más fuerza para perfeccionar el idioma inglés y visualizar su meta. Se graduó del high school (bachillerato) y se casó a los 23 años, pero le hizo una advertencia a su futuro marido:

“Yo quiero estudiar, terminar mi carrera, porque quiero un día tener mi propia empresa, quiero tener algo, porque es lo que le prometí a mis padres. Pero primero que nada le dije: ‘yo no sé cocinar, no sé nada de la limpieza, si me caso contigo voy a ser tu esposa, pero no te voy a hacer nada del quehacer’. Él dijo ‘de acuerdo, no hay ningún problema”.

Al primer mes de casada se percató de que estaba embarazada (hoy tiene tres hijos), pero tenía que ir a la universidad, así que realizó todos los trámites de ingreso. Comenzó a asistir a la escuela, pero como no les alcanzaba el dinero con el empleo de su marido tuvo que combinar su actividad académica con un trabajo de oficinista en una pequeña compañía de basura y luego en el Departamento de Policía de Houston; esto le permitió aprender acerca de operaciones, administración y contabilidad.

DE USO RUDO. Con su primer préstamo bancario, María Ríos compró dos camiones de basura, con los que dio inicio Nation Waste.

Académicamente primero se preparó en el Houston Community College, institución que hoy la presume como una de sus alumnas ejemplares mediante cartelones colocados en las calles de la ciudad. Posteriormente fue a la Universidad de Houston, donde estudió Administración de Empresas y Finanzas, y donde actualmente es mentora de forma esporádica, aunque lo hizo ininterrumpidamente durante dos años. Cuando ella estudiaba, el maestro pidió a los alumnos que desarrollaran un plan de negocios.

Ríos pensó en algo relacionado con la moda, una tienda o un restaurante, pero se decidió por la basura: “Quería algo que fuera innovador y que siempre permaneciera, y que pudiera crecer y tuviera potencial”.

Una vez definido el proyecto, con el respaldo de las cartas de referencia de varios de sus maestros, algunos de ellos empleados del Texas Commerce Bank, que a la postre se convertiría en Chase, presentó su idea a la institución financiera, con la que aún trabaja hasta la fecha. “Era muy, muy riesgoso, pero todo estaba bien planeado”.

“Ellos [los mentores] me decían: ‘mira, tú lo tienes que hacer así’; [creo que] hay que hacer buenas fusiones, siempre me ha gustado asociarme con gente que sabe más que yo, a la que puedo consultar y con quien puedo tener confianza de hacer las preguntas”.

Su propuesta tuvo tal viabilidad que le prestaron casi 500,000 dólares, con los que compró dos camiones, cajas para los transportes y contenedores, al igual que seguros, licencias y demás permisos para fundar Nation Waste, empresa que actualmente cuenta con alrededor de 50 empleados, aunque la plantilla puede aumentar a 90 cuando participa como proveedor de un evento público, como el Super Bowl.

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