El chicle mexicano que le da la vuelta al mundo
Entrepreneur en Español|Diciembre 2018
El chicle mexicano que le da la vuelta al mundo

Chicza es la marca quintanarroense orgánica que sacó a flote a la industria del chicle en México. Hoy vende en 36 países.

Texto: Franck Velázquez

Manuel Aldrete Terrazas logró rescatar la industria chiclera en México cuando estaba en declive a consecuencia de la crisis que tuvo en la década de 1970 y principios de 1990, por la baja demanda que tenía la goma natural en el mercado internacional. Además de formar una asociación con los chicleros de Quintana Roo y Campeche, su mayor apuesta fue crear una empresa que elevara la producción y reactivara la economía de la región.

Se trata de Chicza, marca mexicana de goma de mascar orgánica y biodegradable, con ingredientes vegetales, libre de bases plásticas, solventes, aditivos y saborizantes artificiales, que le está dando batalla a los productos sintéticos que dominan el mercado. Se elabora a partir del látex que se extrae de los árboles de chicozapote (manilkara zapota) en el sureste mexicano, donde participan unos 1,500 ejidatarios de la región.

La empresa cuenta con una fórmula patentada y un proceso estandarizado que inicia con la selección de árboles sanos y con capacidad productiva de los que se extrae la savia, que pasa por una fase de cocción, para después hacer bloques que son tratados en una planta donde se mezclan con saborizantes naturales y se elaboran las tabletas.

El chicozapote puede producir la savia hasta por 100 años, con un periodo de recuperación de entre cuatro y seis años. Su vida es de hasta 500 años. “El árbol no se daña porque únicamente se raya la corteza”, asegura Manuel. Chicza fabrica hasta 200 toneladas de goma de mascar por año que se distribuyen en tabletas de cuatro, 15 y 30 gramos a través de tiendas especializadas y gourmet presentes en 36 países.

Pero, ¿cómo se reinventó esta compañía? Todo empezó en 1997, cuando en la búsqueda de reactivar esta industria le pidieron a Manuel un diagnóstico. En ese momento, él tenía una consultoría de empresas sociales y su plan fue asociarse con los chicleros de la región y otros empresarios para crear una organización con la infraestructura necesaria para seguir operando y vender el producto como goma de mascar en el mundo.

Así, en 2003 nació el Consorcio Chiclero, una empresa social que, a su vez, tiene otros brazos que facilitan la elaboración y distribución del producto, como la transformadora que convierte el chicle en goma de mascar; Chicza, que es la marca comercial de la golosina, y Chicza Rainforest, una comercializadora ubicada en Inglaterra.

El Consorcio Chiclero está integrado por más de 40 cooperativas de la región, que equivale a unos 1,500 chicleros a quienes ofrece atención con fondos de ahorro, medicina interna, gastos de defunción y seguros de vida. Todos ellos participan en la toma de decisiones de la organización. Además, opera bajo el esquema de comercio justo, a través del cual los productores reciben una recompensa equitativa y cabal por el trabajo que realizan y las ventas generadas.

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