LA HISTORIA NO CONTADA

Automóvil Panamericano|Junio 2020

LA HISTORIA NO CONTADA
La producción del Bugatti Veyron 16.4 arrancó en 2005; pero ese no fue su comienzo real. Aquí, una mirada a lo que pasó años antes.
EDMUNDO CANO

El tercero. Este es el EB 18/3 Chiron, por primera vez se veían ya los trazos maestros de lo que sería el Veyron final.

Extraordinario. Así empezó la historia del Veyron, con unos garabatos de un motor de 18 cilindros, hechos en un minuto sobre un vil sobre blanco. Solo que esos garabatos venían de la pluma de un tal Ferdinand Piëch.

En 1997, en el tren exprés Shinkansen, que une Tokio y Nagoya, fue garabateado un bosquejo que cambiaría al mundo automotor. Luego de una discusión con el entonces director de Desarrollo de Tren Motriz de Volkswagen, Karl-Heinz Neumann, un hombre dibujó en un sobre una idea que había tenido en la cabeza por un largo tiempo: un motor con 18 cilindros, poderoso, robusto y mejor que cualquier otro. Ese hombre era Ferdinand Karl Piëch, un agraciado ingeniero que por largo tiempo había sido el CEO de Grupo Volkswagen, y quien sería el impulsor del desarrollo del Bugatti Veyron 16.4. El primer hiperdeportivo de tiempos modernos fue un auténtico logro, y escribió historia automotriz cuando fue lanzado en 2005. El coupé fue el primer auto de producción en serie en generar más de 1,000 HP, y en alcanzar más de 400 km/h. El Veyron resultó una obra maestra de la ingeniería, pero su desarrollo fue, en sí mismo, un suceso tan histórico como el mismo Veyron.

La idea: un motor extraordinario

Al principio, solo había los trazos de una idea: el motor tenía que ser muy poderoso. Se habló de 18 cilindros, una revolución en la ingeniería automotriz. Como un profesionista y apasionado desarrollador automotriz, Ferdinand Piëch veía este motor como la pieza clave del auto. El ardiente amante de los autos diseñó un 18 cilindros partiendo de tres bancadas de motores VR6, separados en 60 grados uno del otro. El motor, naturalmente aspirado, erogaba 555 HP de un desplazamiento de 6.25 litros, y presumía, además, de una suavidad de funcionamiento extraordinaria: un motor ideal para coupés y sedanes de lujo superiores. “Las ideas del ingeniero Ferdinand Piëch en 1997 fueron testimonio de una mente brillante. Además de su concepto de un motor poderoso, fue el impulsor de la resurrección de la firma Bugatti en su sede original, la ciudad francesa de Molsheim”, señala Stephan Winkelmann, presidente de Bugatti. “En retrospectiva, quisiera ofrecerle a él y a todos los empleados de aquel entonces mis respetos. Demostraron coraje, energía y pasión para revivir esta marca excepcional”.

La compra de la firma Bugatti

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